Tesoro ambiental en cuidados intensivos

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Escrito por:

Honorio Henríquez Pinedo

Honorio Henríquez Pinedo

Columna: Opinión

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La Ciénaga Grande de Santa Marta, conformada por 4.900 km cuadrados, a pesar de ser territorio RAMSAR, protegido por la nación y por la Unesco, como área estratégica natural, hidrográfica, con una importante biodiversidad y gran productora de aire y estabilidad climática no sólo para el Caribe sino para Colombia y el mundo, se encuentra amenazada, desde hace varios años, en medio de la realidad vergonzosa de falta de gobernanza, que ha permitido el avance de la frontera agrícola sobre la Ciénaga Grande con su incontenible y devastadora actividad de explotación y modificación de las áreas protegidas del santuario, entre otros. Por otro lado, la quema de cientos de hectáreas de bosque nativo y manglar para explayar cultivos, zonas de ganadería y producción de carbón vegetal, son una práctica regular e incontenida en este territorio. Muestra de ello, fueron las quemas de 2014, al sur de la Ciénaga Grande, en inmediaciones al caño San Joaquín, en una longitud de 8 kilómetros; en 2015, las provocadas en puntos estratégicos, en jurisdicción de los municipios de Pueblo Viejo y Zona Bananera de 2.3 kilómetros a la redonda, que abarcaron un área aproximada de 600 hectáreas.


Todas estas situaciones han desencadenado la muerte de miles de hectáreas de manglar y de especies de peces que habitan dicho ecosistema. Entre 2014 y 2016, según el Invemar, han muerto 1.300 hectáreas de manglar, producto de la reducción de oxígeno y el aumento de la salinidad (fenómeno causado por la disminución de los caudales de agua dulce que llegan a la ciénaga). De hecho, entre 1956 y 1999 se perdieron unas 25.400 de las 52.000 hectáreas de bosque de manglar que tiene el complejo.

La falta de valoración del impacto ambiental sobre la Ciénaga, por omisión o defecto, en la construcción de carreteras y diques o terraplenes, han fracturado la armonía de la red de humedales, caños, ríos, lagos y quebradas en gran parte de la reserva.

Es muy preocupante que, los pescadores de los pueblos palafitos registren año tras año mortandades de peces como el róbalo, el lebranche, chivo, mapalé y mojarra (entre julio y agosto pasados se presentaron tres muertes masivas) debido a la falta de oxígeno y la alta salinidad, que se concentra por la interrupción de flujo de entrada y salida del agua, abocándolos al hambre y a una difícil situación económica, a las más de 15 mil familias que subsisten de esta actividad.

Esto trae como consecuencia, malos olores y contaminación del agua de la Ciénaga producto de la descomposición de los peces muertos y la materia orgánica, causando enfermedades gastrointestinales y de la piel a los residentes de la zona, sobre todo a los niños. Señores, estamos ante una crisis social y ambiental. A pesar de la declaratoria de calamidad pública, por parte del Consejo Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres y los compromisos de priorización por parte de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena, es evidente que estas acciones han terminando siendo poco efectivas y se quedan cortas frente a la envergadura del problema.

Por ello, reitero una vez más la necesidad de encontrar, con carácter urgente, soluciones para salvar la Ciénaga Grande del Magdalena donde se vean involucradas las autoridades competentes.

Se debe priorizar la elaboración articulada de un plan de acción que contemple las obras para frenar la sedimentación en la desembocadura de boca de Salinas – puente de la barra, de los ríos, caños y demás afluentes que nutren y oxigenan la Ciénaga con agua dulce. Igualmente, tomar soluciones frente al vertimiento de desechos dentro de la Ciénaga para mejorar la entrada de agua dulce y la salida de aquella que proviene del mar. Esto, debe ir de la mano con sanciones más severas y acciones judiciales estrictas; revisar quién ha venido realizando, durante los últimos años, el desvío y represamiento de diferentes caños y canales que conectan la Ciénaga con el río Magdalena y otros afluentes; se debe auditar con lupa los contratos y las cuantías de las inversiones que han e irán a realizar.

Invito a la Procuraduría, a la Contraloría y a la Fiscalía para que encuentren los responsables públicos y privados asociados a esta problemática que lleva cerca de 4 años acentuándose. !Necesitamos decisiones contundentes! Hay que garantizar derechos de pescadores y sus familias a un medio ambiente sano, a la vida digna, al mínimo vital, al trabajo, a la alimentación.

No se debe dejar de lado el análisis de los efectos negativos que sobre ésta puedan tener algunos tramos de la doble calzada tales como la vía Ciénaga-Barranquilla y la Vía de la Prosperidad, y cómo afectarían su ciclo hidrológico.

Propongo a la ciudadanía a que emprendamos campañas masivas que promuevan estrategias educativas que incentiven una mayor conciencia ambiental sobre la riqueza natural que entraña este territorio de agua, oxígeno y biosfera del país. ¡Todos unidos por la Ciénaga!

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