El elefante de Zurriaga

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Creí perdida la capacidad de asombro porque mi esposa constantemente me dice que a mí no me asombra nada; quizás no sea más que una de esas muletillas que las mujeres usan para recalcar la diferencia de géneros, pero yo me había comido el cuento. Me sentía todo un Sensei, tanto, que pensaba que era cuestión de tiempo que en vez de caminar, levitara.


El asombro regresó repentinamente por culpa del enredo de Zurriaga con Odebrecht, que involucra a Duque y a un tal García Arizabaleta; y como nadie sabe nada, el ping-pong de culpa nos tiene con torticolis. Unos dicen que Zurriaga se desinfló, que Uribe lo vendió, y ahí va el culebrón.

Me sorprendió que una vez destapado el escándalo, la primera piedra dentro del CD la lanzó el siquiatra y prófugo de la justicia, Luis Carlos Restrepo, quien vio “violaciones éticas”. Qué raro que la conciencia del CD no haya visto “otras violaciones”. Surreal que a un prófugo de la justicia le atormenten las violaciones éticas. ¡Esquizofrenia total!

Interesante que nadie se escandalice por la exorbitante cifra acordada solo por concepto de asesoría. ¿Tiene presentación que en Colombia, país con serios problemas de desigualdad y pobreza, se gasten más de un millón y medio de dólares en marketing político? ¿Acaso creen que nosotros nos comemos el cuento de que se gastaron una fortuna solo porque querían servirle al país? En cambio, Doña Mechas le salió gratis a Juanpi; aunque parece que podría tener su elefantito. En el caso de Juanpi, la investigación está muy cruda todavía.

La conmovedora inocencia de Zurriaga en el entuerto Odebrecht tiene precedentes en nuestra historia. ¿Cómo olvidar aquel elefante invisible de Samper? Y ahora, la infamia se repite contra Zurriaga. Se confabularon para hacerlo elegir presidente, y él ignorante de todo. ¡Qué mala costumbre la de ensuciarse las manos, y de paso robar, para elegir a otro! ¡Y que de buenas los personajes, que siempre encuentran pelafustanes dispuestos a ensuciarse por ellos! Si hurgáramos un poco más, notaríamos que los elefantes son una plaga en Colombia, y todavía dicen algunos que dizque están en peligro de extinción.

Si Zurriaga anda flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones, imagínense como estaremos el resto. Esperemos que no esté planeando una reunión de emergencia con su líder espiritual y prófugo de la justica, Luis Alfonso Hoyos. Le recomiendo que si va a volarse, lo haga antes de que Trump le cancele la visa.

Pero no todo es tristeza en el CD. Por ahora, Duque sí que está levitando de la felicidad porque su futuro político se despejó milagrosamente. ¡Suertudo! Chévere el detallazo de Zurriaga de invitarlo a Brasil a tomar caipiriñas y echarle un vistazo a las garotas. La próxima vez inviten.

En fin, no hay nada que hacer y estando las cosas como están en el país, y para evitar el inminente colapso del sistema judicial y carcelario y el desbordamiento de los entes de control, propongo que hagamos un borrón y cuenta nueva. ¿Es que quien puede contra tan numerosa manada de elefantes? Sugiero que previa devolución de lo robado más intereses, hagamos un gran pacto nacional para acabar con la corrupción, y fijamos la hora cero. Hacemos una celebración semejante a la llegada del año nuevo, y damos por concluido el año del elefante, aunque bien pudiera ser el de la rata.

Recibimos el año honesto con todos los fierros. Bailamos los cincuenta de Joselito, nos aplicamos unos rones –eso si cumpliendo con el nuevo Código de Policía- y cuando falten cinco minutos entonamos: falta cinco pa las doce, corrupción va a terminar.

A las doce en punto, nos atragantamos de uvas, le damos la vuelta a la manzana con la maleta –menos Zurriaga no sea que la próxima vez que lo veamos sea en Miami bronceándose en tanga-, nos ponemos la pantaleta amarilla al revés, nos abrazamos, lloramos, y después de las doce, la madre pal que vuelva a robar y ahí se le caemos con todo. Y así todos viviremos felices y comeremos perdices, y cuento acabado porque todo el mundo está untado. ¿Qué dicen? ¿Le halamos? ... ¡Mamola! ¡A la cárcel con todos estos bandidos!
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