Masacre silenciosa

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Escrito por:

Arsada

Arsada

Columna: Opinión

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Durante enero de este año, la plataforma global de noticias y periodismo ambiental de la Agencia EFE publicó una entrevista que le hiciera al investigador y escritor español, Carlos de Prada, la que me atrevo a comentar por resultar de una trascendencia impresionante por lo terrorífica. 
Según este experto ambientalista, la gran industria mundial nos está envenenando de manera silenciosa y la única opción que tenemos los indefensos consumidores para enfrentar semejante desafío, es asumir una toma de conciencia personal que nos permita acceder a un comportamiento de prevención efectivo. En su criterio, la mayoría de ambientadores, desodorantes, detergentes y muchos otros productos caseros, contienen sustancias químicas tóxicas en su composición.

 Cabe anotar que el periodista se refiere a la Unión Europea; en Latinoamérica la situación debe ser más grave aún. En aquel continente, dice, están autorizados más de 100.000 sustancias químicas, de las cuales, en su criterio, seguramente no todas afectarán la salud, pero sí se atreve a manifestar que un número elevado de las mismas son peligrosas para la salud humana, máxime si se combinan, como bien lo señala Fodesam de España.

 Este fondo para la defensa de la salud ambiental sostiene, que por lo menos 1.500 de estos productos tienen efectos cancerígenos; otros afectan la calidad reproductiva e incluso 800 de ellos actúan como disruptores endocrinos, capaces de alterar el equilibrio hormonal. 

De igual manera, el especialista sostiene que los niveles considerados supuestamente seguros, fijados por la industria química en su país no lo son tanto, dado que es ella misma la que elabora los informes de la evaluación de riesgos de sus productos, y como si esto no fuera suficiente, dichos informes son secretos. Recordemos que algo similar sucede con la política alimentaria estatal estadounidense.

 Señala incluso, que en el caso de los disruptores endocrinos la misma OMS denunció que los sistemas de test oficiales, usados por estas entidades son obsoletos, pero con todo y eso, lo siguen utilizando y se les sigue aceptando que lo hagan. Otro problema, según el ambientalista, es el llamado “efecto coctel” que consiste en que estos sistemas de evaluación apuntan a investigar los efectos de exposición de un solo pesticida, cuando la realidad es totalmente diferente: nos exponen a una mezcla de ellos, lo que aumenta de manera ostensible el peligro, de allí que una misma fruta puede contener restos hasta de 15 pesticidas diferentes. 

En su opinión, las cosas se están haciendo al revés, es decir, en Europa como en la mayor parte de América Latina, el Caribe y del mundo, diría yo, los dineros de la salud pública son orientados al diagnóstico y al tratamiento, más no a la prevención. 

Ahí es donde está el negocio, la utilidad, la maldita ganancia, nuestra lenta, pero acelerada muerte, proponiéndonos el aparentemente ingenuo y a la vez perverso uso de elementos de aseo y consumo de alimentos previamente envenenados, para que más adelante, por vía de asistencia de salud les generemos más utilidades. 

Por todo lo anterior, este experto asegura que se deben tomar medidas tendientes a confrontar los poderosos intereses de la industria mundial, prohibiendo el uso de los contaminantes químicos o concientizando a la comunidad a su no consumo, prefiriendo los ecológicamente tratados. Y en este proceso el papel de la prensa sería de una trascendencia impresionante. 

Los ciudadanos del planeta debemos comenzar a tener perfectamente claro, que todo producto procesado lleva su veneno incorporado. Nos están matando silenciosamente y lo que es peor, pagamos por ello. 

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