De cuernos y dictaduras

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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 Un tribunal que otrora defendía los derechos de las minorías decidió, de la nada, volcarse contra una expresión cultural con varios siglos de historia.
El tribunal constitucional se había caracterizado por defender las libertades de los colombianos. Amplió el concepto de uniones civiles y defendió el acceso a la salud. Pero, ahora se encarrila en el camino de la prohibición al exhortar al Legislativo a decidir sobre las corridas de toros en un lapso de dos años, desconociendo que ya existe un reglamento taurino que pasó por el Congreso, es ley y que fue revisado por la Corte.

Además, la Ley de Maltrato Animal también toca el tema. Si el Congreso no vuelve a legislar las corridas de toros serían prohibidas en el país. Este afán de los animalistas por imponer su visión del mundo es la reedición del paternalismo que tanto temió Kant, quien alegaba que el Estado no puede imponer leyes morales, especialmente cuando se usan para saciar la felicidad de algunos, en este caso los animalistas. 

Las cortes constitucionales se concibieron precisamente para limitar el poder aplastante de las mayorías, pero esta sentencia es una aplanadora en contra de quienes somos taurinos. Además, la magistrada María Victoria Calle, principal promotora de la sentencia, debía declararse impedida. La magistrada ya había anticipado su posición y su voto, motivo por el cual estaría impedida para participar en la decisión.

En un foro en el año 2011, sentenció que la tauromaquia es un “problema de ética, y ese problema de ética va a trascender siempre a la cultura, y tenemos que fortalecernos desde el escenario jurisdiccional [...] para generar una cultura real por la protección de los animales”.

¿Acaso no era el judaísmo un problema de ética para el nacional socialismo?

Es curioso que una magistrada quiera imponer una moral absoluta en un país constitucionalmente plural y diverso. La ética no pude ser un argumento para acabar con la cultura. Este mismo argumento es empleado por el Estado Islámico para acabar con Occidente, y ha sido usado por varias religiones para cometer verdaderas atrocidades. 

En tiempos donde Colombia busca la paz urge un llamado al respeto. Como decía Estanislao Zuleta: Debemos dialogar “sin agredir, sin violentar, sin ofender, sin intimidar, sin desacreditar el punto de vista del otro”. Los antitaurinos han decidido apelar a la violencia, al tiempo que llaman “asesinos” a quienes vamos a la plaza, lanzan piedras y empujan a las personas que intentan entrar al evento, sin importar siquiera la edad.

Eso, sin mencionar las arengas vilipendias en contra de los policías. La tauromaquia es una expresión cultural para muchos de quienes disfrutamos de una buena faena en un escenario donde, a diferencia de un estadio de fútbol, rara vez se vociferan groserías. Quien dice de manera tajante que la tauromaquia es una expresión de ignorancia y violencia, se halla en un punto distante al respeto.

 Hay observadores que podrían decir lo mismo del fútbol, o sentenciar que el arte contemporáneo es para ignorantes. Pero esto sería taparse los ojos y fraccionar aún más la sociedad.

Alrededor de la tauromaquia se han creado géneros musicales, piezas de ópera, poemas, libros, cuadros, entre muchas más expresiones artísticas. Los gustos no legitiman la prohibición. Probablemente las corridas se acabarán pronto porque la gente dejará de asistir.

Pero, prohibirlas es un acto de arbitrariedad que atenta con los fundamentos de la democracia; salvaguardar los derechos y libertades de las personas. Es una pena ver que importantes instituciones democráticas se lancen en contra de las minorías.