Unidos por el agua

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Desconozco lo que pasa entre Metroagua y el Alcalde de Santa Marta. Entiendo que el segundo quiere que el primero le entregue la infraestructura que ha venido operando por un encargo que le hizo la ciudad, a través de un contrato de arriendo que vence en abril próximo y este, no se la quiere entregar hasta tanto no le paguen una plata que invirtió, para -“supuestamente”, aclara el alcalde-, mejorar la prestación de los servicios de acueducto y alcantarillado. Como diría la sabiduría judía: “si es de plata, no es un problema, es un gasto” y punto.


Creo que tenemos suficiente con lo que se especula acerca de las inverosímiles medidas de Donald Trump. No le agreguemos más conjeturas al asunto del agua, porque siempre que las parejas se separan existen dos versiones diferentes y nunca sabemos a cuál de las dos darle la razón. Posiblemente, la tengan las dos. Solo que me llama la atención el ruido y la preocupación que se ciernen al alrededor del tema, sin que se tenga en cuenta la voz del pueblo que es la voz de Dios, a no ser por una muy apagada recolección de firmas, me imagino motivada por el interés de impetrar una acción popular contra la empresa prestadora de servicios públicos.

Es que una situación muy parecida se vivió en la vecina Barranquilla hace más de veinte años. Allá, los protagonistas eran el sector público que trataba de defender lo indefendible: las Empresas Públicas Municipales (EPM) y los barranquilleros, agrupados como gremios de la producción, sindicatos, pobladores rasos, amas de casa y organizaciones de pobladores. Aquí, son la empresa Metroagua y el Alcalde. La diferencia estriba en que allá el agua, el alcantarillado y el aseo las manejaba el Estado y aquí, el agua y el alcantarillado, lo maneja un privado.

Barranquilla tiene a sus pies el afluente más poderoso: el río Magdalena; mientras Santa Marta tiene a sus espaldas la Estrella de San Lorenzo, en donde nacen los tres ríos que nos abastecen con la misma cantidad de agua desde siempre, o tal vez un poco menos ahora, por efectos de la despiadada deforestación de los bosques que protegen sus cuencas. Sin embargo, la cobertura del servicio en La Arenosa apenas alcanzaba el 39 %, en la ciudad de Bastidas es superior a esa cifra ya que los más de cincuenta pozos (incluidos los clandestinos) de alguna manera ayudan tanto como las albercas domésticas y las succiones ilegales a la tubería de reparto.

No he sabido de muertes por aguas contaminadas aquí. Allá morían decenas de niños cada mes como consecuencia de la gastroenteritis. Los pobres compraban la lata a cuatro pesos y a los ricos les llegaba por menos de un peso. Los políticos con la aquiescencia del sindicato, manipulaban las válvulas para obtener favores electorales y los carrotanques que la vendían también eran suyos. Una situación verdaderamente lamentable que finalmente se resolvió uniendo todas las fuerzas ciudadanas alrededor de un mismo propósito. Divididos muy seguramente ya Barranquilla habría sucumbido sin agua potable en la que sustentar su desarrollo y brindar bienestar a sus habitantes. No creo que queramos semejante destino para Santa Marta. Eso esperamos todos.

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