Colombia, ¿inviable?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Cada noticia nueva produce desazón; violencia desbordada, reformas tributarias para tapar los huecos financieros de la corrupción estatal desaforada, obras inconclusas, niños que mueren de hambre o desertan de la escuela para trabajar o forzadamente o ingresar a la guerra, ancianos desprotegidos pidiendo limosna, desforestación inmisericorde, minería ilegal y ríos contaminados, coca por todas partes, etc. Todo eso nos hace preguntarnos si es viable nuestro país o, definitivamente, caímos en el abismo.


La nación colombiana está plenamente convencida de que esas malolientes pústulas son signo inequívoco de infección incurable de los poderes públicos y los entes de control. Las noticias dan cuenta del permanente saqueo del erario, pero el elector acepta un mendrugo electorero –sea dinero, comida o materiales de construcción- a cambio de permitir el infame asalto al dinero público durante los siguientes cuatro años. Cree el ciudadano que los órganos de control funcionan a la sombra de intereses particulares, que la justicia es transable o que la autoridad es contundente con el “de ruana” mientras los poderosos hacen de las suyas sin obstáculo alguno. Las encuestas que ponen de presente esta percepción son contundentes e irrefutables. Sin embargo, como electores, no usamos el más poderoso elemento para cambiar tal situación: nuestro voto. Es triste que, con pasmosa frecuencia, las urnas dictaminan un veredicto favorable para los corruptos. Los honestos son minoría, y sin posibilidad de ejercer contrapeso en ese deprimente panorama. La opinión generalizada es que, además, los deshonestos no sueltan las tetas del poder y el erario por nada del mundo, y pobre de quien se interponga.

¿Qué tan viable es una nación donde el ciudadano considera que está a la deriva, sin protección ni educación, sin civismo ni autoridad confiable, sin justicia justa ni leyes en favor de la mayoría, donde el empleo escasea y es mal pagado? ¿Es hora de “apague y vámonos”? Mucho cuidado. En medio de tan deplorable crisis social e institucional los signos y síntomas indican que el enfermo está grave pero no en fase terminal. Sí: hay conductores irresponsables –de vehículos particulares o públicos- que desprecian al peatón, pero también, la mayoría de ciudadanos es respetuosa de las normas. Sí: el erario es gallina de huevos de oro para los voraces salteadores, pero está viva y aún produce para todos. Sí: hay delincuencia y violencia de todo tipo, pero es bastante menos que la caótica situación produciría en otras partes. Sí: hay muchos problemas sociales, pero se avanza en medio del caos. No estamos tan graves como parece gracias al colombiano del común, bastante mejor de lo que pensamos todos.

Hay que recomponer el rumbo. Claro, la tarea es dura, y la ciudadanía debe luchar contra el Estado y los dirigentes, pero en inflexibles contextos de civilidad. La intimidación política armada no cabe como instrumento político válido y positivo; jamás ha sido razonable, pues la violencia atrapa en perversos círculos viciosos de difícil ruptura y todos perdemos. Hay que exigirles a los candidatos de elección popular propuestas serias y coherentes. Claro que deben presentar sus declaraciones de renta antes de las elecciones, y deberían tener la obligación de presentarlas anualmente por los siguientes 20 años: ¿cuál es el temor de hacerlo? ¿Qué descubran algún torcido? Claro que deben presentar programas de gobierno serios, coherentes, con presupuestos y viabilidad económica, indicando las fuentes de financiación. Nada de pernicioso populismo a cambio de planes de gobierno. Claro que deben indicar quienes son los aportantes a las campañas y el monto entregado, y las autoridades deben escrutar detalladamente origen y destino de los recursos. Naturalmente, se deben vetar candidatos y campañas con claros conflictos de interés. Y, así, hay muchas acciones que las autoridades están en mora de desarrollar para el rescate de Colombia de las garras corruptas.

Lo más importante para lograr esa transformación: ejercer nuestro derecho a sufragar, intentando escoger candidatos con plataformas ajenas a intereses particulares, y que vayan en beneficio de la mayoría; incluyentes, respetuosas, pero sobre todo, honestas. Únicamente de nosotros como sufragantes depende seguir en este caos provocado o avanzar hacia una sociedad viable. Hay con qué.

Voz de la semana: Izzi Bisu, joven londinense dueña de una voz que recuerda a Amy Winehouse, con tendencia al pop melódico. A seguirle la pista.
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