De la inseguridad y otros demonios

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Lafaurie Bornacelli

Andrés Lafaurie Bornacelli

Columna: Opinión

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Resulta común escuchar diariamente historias de amigos, familiares y vecinos en donde relatan cómo han sido víctimas de la delincuencia en las diferentes ciudades de la costa atlántica.


Santa Marta y Barranquilla han observado picos de delincuencia en los últimos meses que han alertado a las autoridades y a la ciudadanía en general. En Barranquilla existe una gran preocupación por la reciente ola de criminalidad y el impacto que ésta pueda tener en los carnavales que se realizarán en el mes de Febrero.

El modus operandi ha variado enormemente y hoy atracan a cualquier hora del día, en locales comerciales, en buses urbanos e intermunicipales, en automóviles de alta gama, en centros comerciales y con el tradicional raponazo.

En cuanto a las causas de la inseguridad, es importante tener en cuenta que por años las autoridades se hicieron los de la vista gorda en la lucha de frente contra la delincuencia en sectores importantes de la ciudad y además las políticas de inclusión social han fallado, lo que conlleva inexorablemente a un aumento en los niveles de segregación social y de delincuencia.

También se ha vuelto costumbre escuchar a ciertos agentes políticos de la ciudad achacando la responsabilidad de la delincuencia a los vecinos compatriotas venezolanos que han arribado a la ciudad huyendo de la tiranía y la represión en busca de un mejor futuro. No seamos tan insensatos de pretender responsabilizar a los inmigrantes venezolanos por las olas de inseguridad, pues si bien es cierto que la gran mayoría de ellos están en situación de ilegalidad en el territorio lo colombiano, no se puede predicar de ellos que son delincuentes y que la inseguridad es consecuencia de su llegada a la ciudad. Ese es el mismo discurso, por más que no se quiera aceptar, que tiene el Presidente Donald J. Trump y el cual hemos criticado hasta el cansancio por su tono xenófobo y discriminatorio.

Antes de responsabilizar a los hermanos venezolanos, debemos extenderles nuestra ayuda y apoyo en estos momentos tan difíciles. Las autoridades migratorias, civiles y de policía deben aumentar los esfuerzos para lograr un censo de inmigrantes en la ciudad y de esa manera poner en marcha proyectos de inclusión en la vida social de la comunidad samaria.

Colombia no es, ni ha sido, una tierra de xenófobos y no pretendemos serlo, aunque muchos políticos lo quieran.

PD: Esperemos que el Distrito cumpla su palabra respecto de la terminación de las obras inconclusas en la ciudad. Esta vez...

¡Feliz Martes!