“Estoy confundido y desesperado…”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
No se confundan lectores, que esa es apenas la entrada de la regia composición musical con la que en los años setentas nos sorprendieran “Fruko y sus Tesos”, en la inolvidable voz de nuestro siempre querido y ya desaparecido Joe Arroyo.
Que, aunque “confundidos y desesperados” estemos también los samarios y permanezcamos así quien sabe por cuánto tiempo más ante “la guerra” mediática en DO sostenida entre el Alcalde Distrital y Metroagua, no es esta una contienda en el fondo provocada “al saber que mañana te irás de mi lado”, como dice la canción. No sabemos si bailamos una maratón musical o una sinfonía inconclusa.

Emplazamientos, acusaciones y amenazas van y vienen de ambos lados que a muy pocos concitan e interesan: que dijo que dice que no dijo que la culpa es de este o de aquel o aquella que ya no está que se fue y no ha vuelto que fue que no llovió que la niña lloró apenas un rato cuando su mamá la reprendió, vociferándolo a través de comunicados y declaraciones que los medios divulgan de manera permanente, mientras se cuaja y se apodera del ambiente samario la pregunta de “¿hasta cuándo saldrá la última gota por las llaves del agua?” Es la incertidumbre pidiendo pista, que entra en escena zangoloteando a ritmo de mapalé, para crear en las comunidades confusión y desespero.

Es mediado enero y todavía no se ha ausentado -por completo- el preciado líquido de marras. Apenas comenzaron los racionamientos que son paliados por succionadores o bombas clandestinas, albercas y tanques elevados. Sin embargo, la ausencia de información precisa, veraz y confiable que divulgan autoridades distritales y operadores del servicio por radio y prensa activa cada año en la población el estado de confusión, de inseguridad y de zozobra en el que ha vivido siempre por la falta del agua, consecuente con la falta de políticas, de iniciativas y de proyectos que den al traste con lo que más incertidumbre y malestar nos ocasiona a los samarios.

De verdad no creo que Fruko como maestro y director que fue de “sus tesos”, para lograr con la orquesta el arreglo maravilloso que suena cada noche fiestera donde “Manuel” y en el “Mojón de Oro” en Pescaíto, haya pedido a sus músicos y a su cantante estrella en el siguiente tono: “¡Muchachos!, vamos a sonar como los independientes, cada uno por su lado”. De haber sido así habría sobrado Fruko y sus “tesos” se habrían frustrado habiendo producido algo como: confundido vivo yo y tú y ellos y nosotros confundidos vivimos todos por tu gran desamor y pidiéndole a Dios que no te dé el perdón me la paso; que parece más, sin serlo, un reguetón.

Es indispensable un orden y una orden de autoridad competente, para que cesen las disputas y las confrontaciones de las que, como cuando dos elefantes se enfrentan, sufren las hormigas que, pisoteada su integridad, padecen y mueren sin saber por qué, cuando lo único que añoran es vivir en paz; con agua y migajas; unidas alrededor de un solo propósito, cargando en una misma dirección, aprovechando y potenciando todos los recursos a la mano y a la pata, armonizadas bajo la batuta de la gestora más eficaz, la reina, ecuánime y equilibrada, que transpira confianza, que gestiona e informa a sus obreras, que orienta y guía a su camada y la induce por caminos ciertos hacía lugares seguros de bienestar.

Las ciudades que crecieron y progresaron en el mundo a principios del siglo XX, lo hicieron porque juntaron sus fuerzas, porque se trazaron objetivos y metas comunes y porque se dispusieron a seguir a un líder para lograrlas, empujando todos en la misma dirección. Una guerra más entre las tantas guerras que hemos librado no tiene sentido, ya aprendimos con el proceso de paz de La Habana, que por más tensas que sean las relaciones, por más diferentes y diversos que sean los intereses y más radicales las contradicciones siempre habrán unas reglas de juego y un sendero de entendimiento que nos conecta con el diálogo civilizado, para que volvamos a danzar reconciliados y sin remordimientos.

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