Empezó el año

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Después de una necesaria pausa laboral a final de año, disfruté en familia de unas placenteras vacaciones en dos ciudades que poco de turísticas tienen:
Bogotá y Barranquilla. Todo un placer: la capital colombiana, sin congestión vehicular ni pico y placa, clima agradable, días soleados y todo a disposición en almacenes, restaurantes y centros comerciales, sin las aglomeraciones propias de la temporada navideña. Año nuevo en Curramba, igual que en Bogotá: tranquilidad total y relax a placer, lectura ilimitada, reencuentro con algunos compañeros del colegio San Luis Beltrán de Santa Marta –palabra mojada con finos amarillos de dorados matices y aderezada con exquisitas viandas-, compartir en familia y deleitar el paladar con nuestra alegre cocina caribeña. El cayeye mañanero traído de la Zona, con queso blanco y todos los perendengues que el gusto de cada quien agrega. La obligada visita a La Tiendecita, donde el Monchi sigue atendiendo con la misma bacanería currambera: un impecable chicharrón con yuca, chuletas de magnífica factura, exquisitos y variados fritos, y jugos de frutas costeñas, con la siempre presente magia del Grupo de Barranquilla: la alegría y locuras del Nene Cepeda, la mamadera de gallo de Gabo y todos los personajes que por allí han desfilado, cuyo recuerdo fotográfico adorna el lugar. Comida de mar en La Isla (al lado del puente de La Barra), tonificante sopa de pescado, la infaltable posta de sierra y huevas de lisa, y unas frías vestidas de novia en playa y mar, con una suave y refrescante brisa marina. Mejor vida, ¿dónde?

De vuelta a la vida real, la capital regresa a su esencia andina: fría, brumosa, húmeda y lluviosa, con intermitentes chispazos de sol cordillerano, y las noticias te aterrizan: las declaraciones de Trump, aún sin posesionarse, desestabilizan las economías de México y China. Las monedas del mundo entran a indescifrables montañas rusas; los cubanos de la isla y los de Miami se repolarizan por la decisión de Obama (final de la política “pies mojados, pies secos” y los nombramientos del gabinete del gobierno de Estados Unidos; y el mundo se prepara para las decisiones que tomará el magnate presidente, mientras Putín observa silente, casi con fruición. Venezuela, cada vez más crítica, pasa a un limbo de poder en el que la Asamblea Nacional declara la vacancia del poder ejecutivo y Maduro amenaza con cárcel y milicia. Dicen que Londres ya no aplicará el Brexit y, a cambio, se negociará el Bremain; el MI6 busca afanosamente a Christopher Steele, su exespía, quien habló de material comprometedor para el nuevo mandatario gringo. Carne de cañón para el amarillismo mundial.

En Colombia, empezamos el año con la hipocresía de vestiduras rasgadas por un baile de fin de año entre las guerrilleras desmovilizadas y unos verificadores de la ONU: ¿no es eso precisamente lo que se busca en proceso de reinserción a la vida civil de unos rebeldes armados que ejercieron y sufrieron violencia? ¿No es buena entonces la reconciliación entre colombianos? El alcalde Peñalosa debuta en 2017 con el decomiso de especies marinas y el argumento de protegerlas, para luego ejecutarlas ¿Qué tal si los peces payaso, cirujano y el tiburón bambú hubieran terminado en ígneas sartenes al lado de crocantes patacones? La controversia por el metro de Bogotá es infinita: a la basura los estudios anteriores ($130.000 millones) en medio de garroteras entre defensores y detractores del metro elevado, pero ya se creó la empresa constructora y hay presupuesto sin proyecto ni diseño. Vamos muy, pero muy bien. La política interna merece capítulo aparte; está más carnuda que chicharrón de Baranoa: empezó con las sempiternas reyertas entre los gobernantes y exgobernantes, sazonadas con la detención de un exviceministro de obras con nombre de Nobel (¿le desearán los uribistas el mismo infierno castrochavista que a su emérito y genial tocayo?) y personajes vinculados que pronto llenarán los espacios noticiosos; vendrán, detenciones, archivos y aperturas de causas judiciales. Además, está la canalla reforma tributaria que soslaya la rampante y desaforada corrupción estatal. Huele a Reficar y otros sabrosos escándalos. Los mismos argumentos con cambio de personajes, escenarios y momentos. Ah, movido que empezó este 2017. Y lo que nos falta. Esto apenas comienza: año electoral, queridos lectores.

Voz de la semana: Stacey Kent, vocalista estadounidense de jazz. Descúbranla, por favor.
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