Por fuera, como la guayabera

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edward Torres Ruidiaz

Edward Torres Ruidiaz

Columna: Opinión

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Que por fin llegan las inversiones para el posconflicto, anuncia el alto consejero, Rafael Pardo, pero en ninguna de las reparticiones aparecen nuestros municipios del sur del Magdalena y la Depresión Momposina, los más pobres del país.


Anunció el doctor Pardo 777 proyectos para “los 27 municipios donde se ubicarán campamentos de las Farc y los 30 donde se produce más del 50% de la coca del país”. Y en ninguno estamos incluidos, como no lo estuvimos en los 125 municipios iniciales de la Comisión de Paz del Senado ni en los 350 posteriores del DNP.

Durante décadas la violencia y los cultivos ilegales del sur de Bolívar, además de otros impactos, irrigaron con sus recursos la economía de municipios como El Banco, que se volvieron ejes ante la ausencia del Estado. Así, la exitosa reducción de cultivos ilegales en esa zona del país redujo también los ingresos a las economías legales que dependían de esa dinámica. Es decir, un comerciante y un pescador de San Martín de Loba son tan afectados por el conflicto, como lo es uno de Nariño. Pero, aún así, para el gobierno Santos nuestra región no será sujeto de inversiones para el posconflicto “Que esperen para después...” nos van a decir de seguro, señalando con la mano un punto imperceptible en el tiempo.

Como igual nos dijeron cuando hace décadas el Gobierno Nacional desligó nuestro río Magdalena de la economía nacional y decidió transportar el progreso del país por las carreteras troncales que unían a las ciudades de las montañas con los puertos marítimos, dejándonos aislados por tortuosas trochas y con un río moribundo mientras se llevaban las universidades, los aeropuertos, los edificios bonitos, la salud de alto nivel y el progreso para las capitales. “Que esperen para después, que ya les va a llegar....”, nos dijeron entonces.

Como nos dijeron también cuando en 2011 crearon el sistema general de regalías – SGR -“para los municipios más pobres del país”, que celebramos pues por pobreza nadie nos iba a ganar. Pero en el Magdalena El Banco no recibió un solo peso y los otros seis municipios del sur recibieron menos del 1% del primer cuatrienio del SGR departamental, mientras el norte se llevaba más del 80% y en Barranquilla se construía un millonario Centro de Eventos con las regalías quitadas a los municipios pobres. “que tranquilos, que después nos toca a nosotros...” nos consolaron mientras el Gobierno por el otro parlante anunciaba la terminación de la bonanza del SGR.

Excluirnos es una constante histórica, tan repetida sistemáticamente que ya hasta parece una política de estado cuando Corpamag realiza el 75% de la inversión ambiental en los ecosistemas del norte del Magdalena mientras a los humedales del sur apenas les destina el 5%. O cuando un solo municipio como Santa Marta se queda con el 72% de las matrículas, el 73% de los auxilios de matrícula y el 64% de los de alimentación de la Universidad del Magdalena frente al exiguo 1% que reciben Guamal o Santa Ana.

Y de seguro ahora nos van a decir que tranquilos, que esperemos el “mínimo vital institucional” que el posconflicto llevará después a otros 819 municipios, que de seguro terminará montado en alejadas oficinas en Santa Marta o Cartagena, con millonarios contratos de prestación de servicios y viáticos para el progreso de esas ciudades, como ha sido siempre. Para nosotros ni el polvillo.

Doctor Pardo, queremos que en lugar de cuadernos y maletines, el posconflicto nos construya una universidad pública en El Banco y un Sena en Santa Ana para los 6 mil bachilleres anuales de 25 municipios que no pueden pagar una universidad en las lejanas capitales. Ello, sumado a un batallón en el aeropuerto militar de El Banco, una Corporación Ambiental que sí invierta en nuestros valiosos ecosistemas de la Depresión Momposina, y servicios de tercer y cuarto nivel en salud, activarán un modelo de desarrollo basado en servicios institucionales con efecto multiplicador en la inversión privada y el crecimiento y desarrollo económico para nuestra subregión. Eso se llama fortalecimiento institucional y si no es ahora no será nunca, como hasta hoy jamás lo fue.
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