Ocuparse y no preocuparse

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

e-mail: [email protected]

Muchas veces nos andamos preocupando de realidades que creemos que van a suceder y que al final terminan no sucediendo. Es necesario anticiparse a los problemas y tratar de leer bien la realidad para saber cómo funciona. Pero lo que no está bien es que comience a sufrir previamente y deje que la impaciencia y la desesperación me descontrolen hasta el punto de actuar de manera equivocada o terminar sufriendo interiormente sin ninguna necesidad. Hay que saber mantener la calma y actuar con mucha propiedad.


Te propongo cuatro actitudes para mejorar el tema de la preocupación excesiva frente a las dificultades que estás viviendo.

1. Comprender que hay que esperar que las cosas sucedan. No podemos dar por hecho lo que todavía no ha sucedido. De hecho, muchas cosas que lógicamente deben suceder no suceden. Y eso lo tenemos que tener presente. Me preocupo por la lectura que estoy haciendo y me preparo para responder, pero no dejo que esa intuición me descontrole hasta el punto de hacerme daño. El desespero es lo peor que nos puede pasar ante las dificultades y los problemas que tenemos.

2. Planeo como la voy a solucionar. Reviso mi estrategia y mi táctica frente a ese problema. Sé que por sí solo no se van a resolver, que es necesario mi intervención para que la cuestión no progrese o se solucione. Para ello con inteligencia y teniendo claro los recursos salgo a trabajarlos. Lo mejor no es preocuparse sin ocuparse.

3. Tengo paciencia, no todo sucede a mi rimo en mis tiempo. Tengo que ser capaz de saber esperar el sentimiento de él o de todo. No se trata de ser pasivo sino de entender que todo tiene su momento y su lugar. Hay que saber que la historia no se mueve al ritmo que nosotros queremos sino que tiene su propio ritmo, fruto de las relaciones que se dan en la historia.

4. Confío en Dios, mi experiencia de fe me tiene que ayudar en esas situaciones. Quien cree en Dios, sabe que este siempre tiene alguna solución y que esa solución hay que buscarla con interés y tranquilidad. La fe tiene que ser fuente de paz, serenidad y seguridad para seguir adelante, el que cree confía en el poder de Dios y vive con decisión cada una de las situaciones que tiene.

Estoy convencido de que quien confía en Dios es capaz de encontrar las respuestas que anda buscando o ve como la misteriosa actuación de Dios en la historia le da una oportunidad que no había pensado. Tienes que vivir en paz y serenidad para ser feliz en medio de todas las turbulencias que la vida tiene. Sigue luchando y dando lo mejor de ti.