Se le embolató la primogenitura

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Hasta hace dos años Vargas Lleras era el seguro sucesor de Santos, pero hoy, esa sucesión está bastante embolatada.
En parte por el cambio de circunstancias, las cuales hoy no le son tan favorables como hace dos años, y en parte porque hizo la apuesta equivocada. Vargas Lleras tiene frente a sí un dilema grandísimo, ya que la única forma de tener alguna oportunidad en las presidenciales del 2018 es distanciándose del gobierno Santos pronto.

Cuando la economía estaba bien, ser el duro de la infraestructura y la vivienda gratis le despejaba el camino al solio de Bolívar; tenía obras para mostrar y casas gratis para hacer populismo, de ese que le gusta a la gente y da votos. No creyendo que la paz llegara a buen puerto, optó por pasar de agache. Pero las cosas cambiaron.

Acabado el boom de las materias primas, y el crecimiento y las arcas del país menoscabadas, la infraestructura y la vivienda gratis perdieron relevancia. Supuestamente la infraestructura se hace para mejorar la competitividad del país, y aunque es justo decir que será una ventaja a futuro, hoy y ahora la competitividad del país está bastante diezmada. El país exporta cada vez menos y el crecimiento del PIB en el 2016 estará alrededor del 2%, lo cual es pésima noticia. ¿La infraestructura para qué?

Ni que decir que si pasa la Reforma Tributaria como fue presentada por el Gobierno, habrá voto de castigo. Vargas Lleras se la jugó por los buenos resultados económicos del gobierno Santos, y resulta, que en materia económica el gobierno Santos se raja miserablemente. Pocos se sorprendieron de que le hubieran dado el Nobel de Paz, pero todos nos hubiéramos sorprendido si le hubieran dado el de economía. A la paz le pasó lo del patito feo, y a lo económico, le pasó lo del patito feo, pero al revés.

Lo único de rescatar del gobierno Santos es en la negociación del cese del conflicto con las Farc, y Vargas Lleras no está asociado con esta exitosa iniciativa. Por el contrario, su silencio fue interpretado muchas veces como que se estaba mordiendo la lengua por lealtad a Santos. El proceso de negociación puso en el panorama de presidenciables a De La Calle por el protagonismo que jugó en todo el proceso. Por si fuera poco, las Farc, le han dado un guiño a De La Calle al pedir un gobierno de transición que asegure el cumplimiento de lo pactado en La Habana. Aunque algunos trataron de malinterpretar lo dicho por “Timochenko”, yo lo entendí clarito. Como está el país político, tendríamos que De La Calle sería el candidato de una mitad, y la otra está fragmentada.

Para Vargas Lleras es tarde –políticamente hablando- para montarse en el tren de la paz; De La Calle ya ocupa ese espacio. Vargas Lleras para asegurar su supervivencia política y jugar en las presidenciales, está obligado a abandonar el barco, a menos que quiera inmolarse con Santos, y la verdad, no me parece que Vargas Lleras tenga vocación de mártir. Le tocará pelearse con los del No, los de la mano dura y guerrerista, la otra mitad. Es un hecho notorio que De La Calle le robó la primogenitura. El tema de la paz es el único huevito o legado de Santos, y nadie mejor que De La Calle para cuidarlo.

Ni Robledo ni Petro ni Ramírez ni ninguno de los posibles presidenciables del CD, tienen posibilidades reales; consecuentemente, tienen que hacer alianzas. Como lo veo, y así lo dije hace un par de columnas, la pelea real es entre Cambio Radical y el Partido Liberal; o sea, entre Vargas Lleras y De La Calle. Romper con el Gobierno, como parece que es la única opción estratégica que le queda a Vargas Lleras, es quedarse sin muchos de los votos de los grupos que conforman la Unidad Nacional.

La ruptura de Santos y Vargas Lleras es crónica de una ruptura anunciada. Las únicas preguntas que quedan pendientes son cómo y cuándo. Ambos protagonistas son buenos entendedores de la política, y ojalá la ruptura se haga por lo alto y no por lo bajo. ¡Estas son cosas de la política!
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