La “titulitis”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Lafaurie Bornacelli

Andrés Lafaurie Bornacelli

Columna: Opinión

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No es duda que en los últimos años se ha generado una creciente tendencia sobre la imperiosa necesidad de lograr cosechar éxitos académicos en el corto plazo. Inclusive muchos aún no han culminado sus estudios de bachillerato y ya cargan con el enorme peso de cumplir satisfactoriamente la carrera de pregrado y su respectivo, y al parecer obligatorio, posgrado.


Nadie ha puesto en duda que la educación es el pilar fundamental en miras a cualquier expectativa de progreso y prosperidad, sin embargo, no resulta tan sencillo como decirlo. En promedio una persona ingresa a la educación superior a la edad de dieciocho años de edad, ya con más de una década y media de estar presente en las aulas tomando atenta nota de los múltiples conocimientos que la educación ofrece en sus diferentes niveles (educación inicial, educación preescolar, educación básica, educación media y educación superior). Luego invertirá tiempo, dinero y mucho sacrificio para lograr, cinco o seis años después, su título de pregrado.

Luego de veinte años en las aulas empieza la peregrinación de la busca de trabajo y de deambular frustradamente por meses en busca de una oportunidad laboral la cual raramente llega por no tener experiencia o estudios de posgrado. “Falta el posgrado” dicen los empleadores, y es entonces cuando el estudiante se ve en la necesidad de iniciar un posgrado por uno o dos años más, dependiendo el tipo de programa y la modalidad.

La sociedad colombiana raramente comparte el pensamiento de muchas otras sociedades, en el entendido de que no por ser bueno administrando algo llegarás a ser el gerente de una gran compañía. Aclaro, puede pasar, pero no es lo que estamos acostumbrados a observar. Por el contrario, muchas empresas exigen al momento de contratar que se posea un título de educación media, educación superior y, más importante aún, un título de posgrado.

Es evidente que por más que una persona haya obtenido títulos de pregrado, especialización, maestría, doctorado, e incluso pos doctorado, no lo hace un buen profesional ni mucho menos puede garantizar una relación eficiente de costo-beneficio para una empresa del sector privado o una institución gubernamental. Asimismo, tampoco se puede negar que al realizar todos esos estudios las probabilidades de prosperar profesionalmente aumentan exponencialmente y, de uno u otro modo, genera importantísimos aportes a la ciencia y al mercado laboral.

Fielmente considero que se deben crear oportunidades para todas las personas, sin importar su nivel de educación, esto pretende excluir las discriminaciones y vejaciones a las que son sometidos quienes, por una u otra razón, no pudieron nunca acceder a determinados niveles de educación.
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