¡Es la corrupción, estúpido!

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Escrito por:

Edward Torres Ruidiaz

Edward Torres Ruidiaz

Columna: Opinión

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Haciendo intertextualidad a la famosa frase usada en la campaña presidencial de EEUU de 1992 (¡es la economía, estúpido!), son aproximadamente $9 billones anuales, la tercera parte del presupuesto de inversión pública, lo que según algunos cálculos nos cuesta la corrupción del Estado, cifra que puede sextuplicarse si incluimos el gasto de funcionamiento nacional y los presupuestos territoriales.


¿O a alguien se le ocurre pensar que cuando el Estado entrega, por ejemplo la Esap al senador Benedetti (Semana, 2013/12/29), lo hace para ponerle los santos oleos?

Y la corrupción se abona en las mentiras del Estado. Y el Estado es Santos, aunque en esos casos él prefiera hablarlo en tercera persona.

En 2011 el Estado (Santos) quitó las regalías a los territorios productores, entre otros argumentos, para “generar ahorros para épocas de escasez” (Ley 1530/12), por cuenta de los altos precios del petróleo de entonces. Pero cinco años después el Estado estaba otra vez sin plata para invertir.

Entonces Santos (o sea el Estado) vendió Isagen para buscar la plata que no tenía: “(...) generará mayor inversión social en infraestructura y vivienda...” (El País. 2016/01/16). De nada valieron los argumentos de rentabilidad financiera y social, ni las denuncias sobre corrupción en la transacción. Santos los calificó como “argumentos mentirosos” (El Colombiano, 2016/06/06). Y la vendió pero un año después dijo que faltaba plata para inversión.

Entonces Santos (o sea el Estado) nos dijo que “con la paz podemos tener recursos para invertir más en educación, en salud, en los programas sociales (...)” (Semana. 2016/06/20). Pero en medio del acuerdo de paz con las Farc recortó más de $6 billones del presupuesto de inversión mientras el presupuesto del 2017 trajo una preocupante reducción de inversión en gasto social y sectores como el agropecuario. A quienes dudamos de la regla de tres del gobierno Santos nos llamó “mentirosos” y llamó “austeridad inteligente” al recorte, adjetivos que repitió fielmente la prensa del Estado (que es la misma o casi toda la prensa privada).

Enseguida nos dijo el Estado (o sea Santos) que “se subirían los impuestos en caso de que fracase el proceso de paz”. Hoy, aunque el proceso con las Farc sigue vivo, y seguramente sobrevivirá, ya Santos solicitó la subida de impuestos al Congreso tildando de “mentiras” los argumentos de quienes la criticamos (El espectador 2016/12/04).

¿Cómo atacar la corrupción? La tras antepenúltima esperanza es el auto control del estado. Pero, si la base de esa corrupción del estado es la que produce los votos con que Santos se asegura el control del estado, que son los mismos votos para elegir a los Congresistas de la Unidad Nacional comprados con el dinero de los cupos indicativos, ¿estará interesado el gobierno de la unidad nacional en terminar con el malévolo negocio en el que sumando el 20% para el Congresista, 10% para los otros, 20% en impuestos y 20% de utilidad para el aventurado contratista, ingresando al final a la obra pública menos de $30 de cada $100 contratados?... es un milagro que este país aun siga funcionando!

Por su parte, el Congreso no ha sido capaz de desmontar la raíz de la corrupción territorial adoptando un sistema de pliegos único que termine con el acomodo de requisitos y programaciones amañadas al contratista amigo.

La antepenúltima esperanza deberían ser los entes de control, pero el hoy Contralor, Fiscal y Procurador, que son quienes deben vigilar al Estado fueron propuestos y elegidos por Santos (o sea por el Estado a quien deben vigilar y controlar), incluida la perla de dos de sus ministros que renunciaron para ser nombrados Fiscal y Procurador.

La penúltima esperanza es el cuarto poder, el periodismo crítico, que en otros lares ha logrado tumbar gobiernos corruptos pero aquí la prensa se regodea llamando “jugadas de póquer” a las cosas anteriores y periodistas como José Gabriel pasaron de demostrar el ateísmo de Mockus al favorcito de ser nombrados en jugosas embajadas.

La última esperanza que queda es la capacidad de juicio del pueblo colombiano. Para quienes piensen que el país está bien así, tienen la opción de perpetuar a los Santos, a los Uribes, a los Lleras, a los Samper, a los Gaviria como la forma de Estado que mantenga ese status quo. Pero para quienes sentimos que las cosas están muy mal pero que el Estado si puede manejarse de forma distinta, la opción es Robledo a la presidencia.

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