Energías limpias, ¿una realidad?

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

El mundo sigue dependiendo del petróleo, y muchas guerras que hoy sufre proceden de interés de algunos países por controlarlo desde su explotación hasta el consumo final. Es grave el daño ambiental creciente que se deriva de necesidades cada vez mayores, cuyas consecuencias aparecen en el cambio climático, el calentamiento global y los agujeros en la capa de ozono. Esto ha motivado la búsqueda de sistemas que permitan el uso de energías limpias con mínimo impacto ecoambiental, a partir de los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra.

La Revolución Industrial tuvo su auge basada en el uso de combustibles fósiles, con todas las consecuencias anotadas. Pero no ha sido fácil implementar masivamente las energías limpias renovables; en parte, por poderosos intereses económicos, en parte por el costo de sustitución de infraestructura y, en parte, porque no hemos desarrollado suficiente conciencia ambiental. Tampoco tales recursos son tan inocentes; por ejemplo, las plantas solares requieren de agua para lavar periódicamente los paneles, y también causan impacto sobre las especies nativas: los aerogeneradores y las hidroeléctricas cambian la conducta migratoria de peces y aves, por ejemplo. Tampoco se ha resuelto el asunto del almacenamiento de la energía producida.

Si bien las energías alternativas rondan 5 % del total generado, y que muchas compañías dedican mucho dinero a investigación y desarrollo, paralelamente se utiliza energía solar a baja escala, en casas y pequeños grupos poblacionales. Los problemas que padecen los países pobres han obligado a soluciones creativas y de bajo costo. En la India, con una excesiva polución ambiental y marcada asimetría socioeconómica, hay gran conciencia ambiental. La necesidad de energías baratas y amables con los ecosistemas ha permitido el desarrollo de sistemas asequibles para el ciudadano de a pie (al precio de un celular de alta gama, por ejemplo), capaces de entregar 5 kilovatios /hora durante 20 años (una nevera consume unos 660 kilovatios/año). Consideremos que unos 1.200 millones de personas en el mundo carecen de energía, o que el 42% de la zona rural de la selva peruana no dispone de este recurso.

Recientemente, una chica de 13 años, Maanasa Mendu, estadounidense de origen indio, diseñó un dispositivo de USD 5 capaz de producir energía a partir de las vibraciones del entorno, ganando el primer puesto en un concurso para jóvenes talentos científicos en Estados Unidos. Por su parte, los indígenas peruanos empezaron a usar la “plantalámpara”, obteniendo cierta cantidad de electricidad a partir de vegetales vivos. En Chile, tres ingenieras lograron desarrollar la forma de recargar celulares usando un sistema similar, por lo cual obtuvieron el Premio Avonni a la innovación en 2014, y el Ají Challenge en 2015. En Holanda, Plant-e usa conceptos similares buscando su aplicación a mayor escala. Un metro cuadrado de jardín podría producir unos 28 kilovatios/hora, pero el consumo promedio en países industrializados requeriría de unos 370 metros cuadrados para lograr pleno abastecimiento: hay que considerar asuntos como la calidad del suelo, del agua y el tipo de vegetación. Tampoco cabe desequilibrar el ecosistema.

¿Utopías? No. Costa Rica le ha apostado eliminar el uso de hidrocarburos, y propone una matriz energética completamente limpia para 2021, aunque todavía depende en un 80% de las hidroeléctricas; adicionalmente, fomentan la generación de energía por parte del consumidor, quien puede venderla a la red nacional, tal como se hace en Alemania, Italia, Portugal, Grecia, Dinamarca, Estados Unidos o Australia a cambio de una cuota compensatoria. El autoconsumo de energías limpias disipa la contaminación. En España, por contraste, se castiga el uso de paneles solares, protegiendo el monopolio de empresas energéticas. El mundo del automóvil vira hacia el uso combinado de electricidad, recuperación de energía y motores de combustión más eficientes, escudriñando formas de bajar el impacto ambiental.

Colombia, país de enormes riquezas naturales, padece males energéticos del siglo XIX: marcada dependencia del petróleo, poco desarrollo de energías limpias y monopolios descarados que abusan del usuario. Menos del 0,5% de nuestra energía es realmente limpia. Dependemos de la naturaleza con riesgos de padecimientos, como ocurre en épocas de sequías. No obstante tener una regulación favorable, faltan serios estímulos para el desarrollo de fuentes alternativas y cogeneración, sumando también políticas de consumo responsable y reducción del uso. El Ministerio de Minas y Energía tiene la palabra.

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