Vísteme despacio, que tengo prisa

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Sofía Gaviria Correa

Sofía Gaviria Correa

Columna: Opinión

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La semana pasada, en reunión presidida por el Ministro de Defensa, la Federación Colombiana de Víctimas de las Farc (Fevcol), puso en consideración de la mesa de sectores que buscan facilitar la renegociación de los acuerdos con las Farc, un bloque de las propuestas preliminares formuladas por las diferentes entidades integrantes de la federación, en pos del buen suceso del proceso de renegociación.


Las propuestas contienen las exigencias mínimas de las víctimas del conflicto y desarrollan propuestas que, desde el 2014, las víctimas hemos venido consolidando. Están resumidas en propuestas sociales, económicas, humanitarias, políticas y judiciales. Procuramos garantizar con ellas, en forma integral, los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación integral y a la garantía de no repetición.

El clima de la reunión fue muy constructivo la mayor parte del tiempo. Vi en los representantes de los distintos sectores la mejor voluntad de paz. Todos buscamos desarrollar una discusión respetuosa que rescatara lo mejor de los aportes de cada uno.

El doctor Humberto De La Calle, jefe del equipo negociador, dio especial importancia a las solicitudes humanitarias de las víctimas, que hicimos hincapié en querer ser la amalgama entre el Sí y el No, para hacer que las partes se encuentren y demostrar que no hay distancias insalvables, sino todo lo contrario.

Los resultados del plebiscito, teniendo en cuenta también el amplio abstencionismo, demuestran que lo que el pueblo soberano anhela es un nuevo acuerdo nacional. Por ello, nos parece que el nuevo aire que se le está dando al proceso es el marco ideal para la inclusión en la negociación de los demás actores armados, como las Bacrim y el ELN, para, definitivamente pasar la página de la violencia en Colombia.

En cuanto a las Farc, tienen que entender que el acuerdo que negociaron se cayó por voluntad del pueblo, que la sociedad colombiana le está pidiendo un compromiso mayor con la paz y que eso quiere decir que tendrán que revertir algunos de los puntos que pensaban haber logrado a su favor, si realmente quieren lograr una garantía de no repetición y, sobre todo, evitar retaliaciones contra ellos.

En medio de la reunión, recibimos la buena noticia de la prórroga del cese bilateral hasta el 31 de diciembre. Con esto, se hace innecesaria la exigencia de un «acuerdo ya», pues, mientras haya cese al fuego, tendremos la tranquilidad de detenernos a debatir y a estudiar las propuestas, sin la angustia de hacer una paz apresurada. La paz se puede construir de una mejor manera, pronta y segura, con mayor pluralidad y participación. Y, para esto, vale aquí apelar al dicho popular (adjudicado a monarcas, como Napoleón o Fernando VII de España) que dice: “Vísteme despacio, que tengo prisa”.

Las víctimas estamos comprometidas con la paz y buscamos que, en aras de la cristalización de la misma, nos sea concedido el espacio necesario para que se pueda afirmar que somos el “centro del proceso”.

Para que los acuerdos salgan adelante, se necesitan reducir los protagonismos personales e iniciar un camino más jurídico que político, en el que se tengan en cuenta muy especialmente los derechos y las consideraciones de las víctimas.

Esperamos que la evaluación de nuestras propuestas conduzca al equilibrio que anhelamos todos los colombianos, para que nos sintamos todos vinculados a un nuevo pacto por la paz.

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