Noticia: alguien murió

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Escrito por:

Annabell Manjarres Freyle

Annabell Manjarres Freyle

Columna: Bordes Añadidos

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Siempre he pensado que ver noticiero a la hora del almuerzo es un cruel entrenamiento solapado no muy lejos de parecerse a los entrenamientos de los sicarios. Y es que no hay algo que endurezca más el estómago que comer frente a un cadáver. Se pierde la sensibilidad, el pudor, el miedo, el asco y esas tendencias afeminadas con respecto a los derechos humanos. Es por eso que a los noticieros del mediodía les he llamado: lección de acondicionamiento en masa.

La noticia diaria es: alguien murió, alguien está muriendo, alguien va a morir. La reacción es la siguiente: ¡No importa!, me estoy comiendo una vaca semicruda mientras todo eso sucede.

Otras reacciones más conscientes son asumidas con protestas colectivas. Una universitaria de 20 años murió en un asalto a mano armada en Santa Marta y la comunidad estudiantil de la ciudad protesta por el hecho infame, o porque están cansados de tanta inseguridad, o porque el hecho es cercano y movió corazones, o más bien; porque tienen miedo de ser los siguientes. ¿Qué mueran mil chinos? No interesan, están al otro extremo del planeta, hay miles de ellos y se reproducen como conejos. La vida es muerte también y estamos tan confundidos por no entenderlo que nos preguntamos: qué es eso del karma, en qué parte del cuerpo se ubica el espíritu. Para eso tenemos a la televisión y si la televisión es capaz de darnos malas noticias a la hora del almuerzo, entonces las cosas no parecen estar tan mal.

El filosofo canadiense, Marshall McLuhan, quien estudió muy de cerca los efectos de los medios de comunicación en las masas, diría en este caso: "somos lo que vemos". Un ejemplo vital es nuestro diario vivir. Justo cuando empezamos a centrarnos ante la magnitud de los hechos y a reflexionar sobre nuestro dilema existencial, aparecen las letras nada prometedoras del reggaetón y la nueva ola del vallenato, la música pop y los reality shows. O las llamadas aleatorias de las operadoras del Canal Caracol para sugerirle a los ya cansados televidentes, que vean La teacher y toda su decadente programación de telenovelas que luchan por no perecer.

Y sí que luchan, tomando estereotipos desgastados de los colombianos para recordarnos que tenemos un delicioso folclor y somos "el segundo país más feliz del mundo después de Brazil". Debe ser por la televisión. Debe ser que somos felices ante tanto sufrimiento porque existe una luz encendida en cada televisor, y esa luz toma forma de Vicky Dávila, de «El Pibe» Valderrama, Shakira, Juanes, Hernán Orjuela, Estilo RCN, Jota Mario Valencia y La teacher; personajes divertidos que nos recuerdan que ser colombiano es "una chimba". Sí, una chimba dividida en países diferentes porque la parodia del Desafío 2011 registra a la perfección el odio absurdo entre costeños y cachacos. Los noticieros en sí mismos, son el espectáculo y no sólo aquí en Colombia, el mundo entero está lleno de estrellas que nos dan las noticias. Marshall McLuhan, lo diría en otras palabras "el medio es el mensaje".

Las consecuencias de nuestra necesidad de informarnos a diario es el olvido. No tenemos tiempo para digerir una cosa cuando ya nos estamos embutiendo otra. Olvidamos el sabor, la finalidad y la enseñanza en cada hecho noticioso. Olvidamos demasiado rápido a razón de esto. Hace unos meses en Santa Marta, una enfermera inyectada de celos entró a la clínica de La Mujer, robó a la hija recién nacida de su ex novio y la estrelló varias veces contra el piso. Su nombre es Yamile, pero a Yamile se equivocó de víctima y al parecer, también se le olvidó lo que hizo. La última noticia fue que se declaró inocente. Debe sentirse bienaventurada después de olvidar como el pequeño cráneo de su indefensa víctima se abría en mil pedazos contra el suelo. Y como el mundo ya está en otra cosa, como la pasión ya enfrió. Yamile se siente libre de culpa. Tal vez los samarios hemos sido testigos de una profecía bíblica "Bienaventurados los que tomen y estrellen a tus hijos contra las piedras" dice Salmo 137:19. La vida sigue, la muerte sigue. Ya sabemos que los noticieros nos dirán mañana que alguien murió.