La reforma de Santos

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Escrito por:

Andrés Lafaurie Bornacelli

Andrés Lafaurie Bornacelli

Columna: Opinión

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Juan Manuel Santos ha, aparentemente, decidido que su principal objetivo será romper las promesas que hizo a sus electores en la pasada campaña electoral.


 No habían pasado tres meses desde su posesión cuando ya había traicionado a todos sus electores uribistas dándole la espalda a su mentor y mayor aportante político. Ahora, años después de aquellos sucesos nos hallamos todos los colombianos, no solo los uribistas, a la merced de una Reforma Tributaria que promete hacernos la vida aún más difícil de lo que ya es. 

No nos engañemos, todos los países necesitan de impuestos para garantizar las funciones del Estado y así poder cumplir con los compromisos constitucionales, pero ello no implica que debamos soportar la carga del derroche de recursos que el Gobierno ha hecho en los últimos cuatro años. La Reforma Tributaria que actualmente está en curso en el Congreso busca recaudar unos cuantos billones de pesos que ha dejado de percibir el Estado por concepto de la caída abrupta de los precios internacionales de crudo.

Aun así, no resulta lógico para la mayoría de los contribuyentes que se deba aumentar el IVA de un 16% a un 19% sin que antes las políticas del Gobierno empiecen un proceso de austeridad. Aquí no se trata ya de la empatía o apatía de los contribuyentes respecto al Presidente, aquí se trata de la imposibilidad económica del bolsillo de cada uno de los colombianos para asumir el pago de más impuestos como el IVA, la renta, el aumento a las tarifas de los servicios de telefonía móvil e incluso el aumento de impuestos sobre las bebidas azucaradas. Si bien es cierto que las bebidas azucaradas representan un aporte significativo en el desbalance nutricional del pueblo colombiano, no es cierto que al elevar los impuestos a estas bebidas se vaya a garantizar que se suspenda o reduzca la ingesta desproporcionada de calorías.

 Lo que sí va a causar es una crisis para todos pequeños tenderos y pequeñas empresas que viven del pequeño margen de ganancia que obtienen de ese tipo de productos, y son precisamente a ellos a quien más debería proteger el Estado. De continuar las políticas económicas de este gobierno, seguramente en un par de años se deba declarar renta por ingresos mayores a dos salarios mínimos legales mensuales vigentes, o quizá menos, lo que sin duda creará una política destinada al fracaso, pues estaremos todos los colombianos trabajando única y exclusivamente para pagar impuestos.

 Lo que más disgusta a los colombianos no es solo que se aumenten los impuestos, sino que ese nuevo recaudo vaya a terminar en los bolsillos de los mismos personajes que hoy desaparecen billones y que a la fecha ningún órgano de control ha explicado en donde están esos recursos. Esperemos que en los próximos tiempos podamos encontrar una estabilidad en las políticas económicas y políticas criminales del Estado, porque entre otras cosas el fracaso de las políticas criminales del Estado se puede medir por la mayor necesidad de intervención penal en el sistema de comportamiento de la sociedad. Crear tipos penales no soluciona el problema de la criminalidad.

¡Feliz martes!

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