Bob Dylan: músico, poeta y cuerdo

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Recién le fue concedido el Premio Nobel de Literatura de 2016 a Bob Dylan, muchos buscaron respuestas a la sorprendente designación. El argumento de la entidad para conceder el premio queda explícito: “Por crear nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”. Pero la lectura de fondo indica que el galardón es un triunfo de la revolución cultural de los sesenta de la cual Dylan fue el catalizador. Eran luchadores opuestos a la rigidez social imperante, enemigos de la guerra y gestores del movimiento hippie; a Dylan no se le entiende fuera de este contexto. Su importancia va más allá de su música. La revista Time lo consideró uno de los cien personajes más influyentes culturalmente, y lo definió como “maestro poeta, cáustico crítico social e intrépido guía de la generación contracultural”. La revista Rolling Stone lo estima como el segundo mejor artista de todos los tiempos. Y es el primer músico en ganar este premio.


Ha sido referente de los Beatles, Rolling Stones, Neil Young, The Who y muchos grandes músicos de la época. Dicen que Elvis Presley liberó el cuerpo, y Bob Dylan liberó la mente. En “Masters of the wars”, arremete duramente contra los guerreristas de oficina y agentes bélicos: “Ustedes, que se esconden detrás de los escritorios, solo quiero que sepan que puedo verlos a través de sus máscaras”. En esos tiempos, Estados Unidos invadía a Vietnam y el presidente Kennedy era asesinado: el rechazo de la contracultura a la guerra y la violencia era la otra cara de la moneda. “A hard rain´s a gonna fall”, considerada la mejor canción protesta de todos los tiempos y que influyó en Latinoamérica, muestra el apocalipsis de la violencia, muchas canciones reunidas en una sola. “Like a Rolling Stone”, para muchos críticos una de las mejores canciones de todos los tiempos, fue también muy influyente en la postguerra. Ha sido interpretada por muchos grandes músicos desde entonces.

Mente inquieta, nada estática ni conformista ha sido Dylan. Musicalmente, fue del rock al folk, atravesando otros géneros; en sus convicciones religiosas, coqueteó con el sionismo, para convertirse después en un cristiano fundamentalista. No fue un gran vendedor de discos; incluso, tuvo época de sequía musical. Tanto el poder establecido como la izquierda estadounidense le atacaron acérrimamente, tal era la profundidad de su crítica social. No obstante, renunció a la contracultura cuando ya era un abanderado de ella.

Escribe poemas en forma de monólogo interior, con escritura automática y surrealista, como queda plasmado en “Tarántula”; dicen que es mejor leer sus canciones sin escuchar la música. En sus “Crónicas” no solo manifiesta su genio literario sino que muestra cómo se forjó, su vida en New York y como busca escapar del personaje referente que había creado. Entre giras y presentaciones ante público de culto, Dylan se refugia en su vida privada.

Más allá de la música y la literatura, Dylan ha sido citado en más de doscientos artículos científicos. Todo comenzó con una apuesta en Suecia entre cinco científicos: quien citara más versos de Dylan en sus publicaciones ganaría un almuerzo en el restaurante de la universidad. En 1997, Jon Lundberg y Eddie Weitzberg, del Instituto Karolinska titulan su trabajo acerca de gases intestinales “Nitric Oxide and Inflammation: The answer is blowing in the wind”; está publicado en Nature. Pronto se viralizó esta tendencia dentro de la Universidad de Estocolmo. En 2014, el Instituto Karolinska publicó la historia: la apuesta sigue abierta a todo el mundo, mientras las citas estén relacionadas con el contenido científico, refuercen el mensaje y mejoren la calidad del artículo.

Varias nominaciones al Nobel, un Oscar, el Príncipe de Asturias y el Premio Pulitzer, entre otros galardones, ha recibido Dylan. La Academia Sueca tuvo en cuenta su atrevimiento, versatilidad e influencia para conceder el Premio a quien ha sido músico, pintor, actor, guionista y escritor. Si usted cree que los suecos están locos, despistados o equivocados por los Premios Nobel de Paz y de Literatura de este año, reconsidere su pensamiento: hay total coherencia en ello, y la respuesta está en la contracultura norteamericana y la primavera europea del 68. Los chicos de entonces, hoy maduros e influyentes, siguen buscando un mejor mundo para todos. Y en paz, amigos.

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