El Sí que No fue

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Escrito por:

Pedro Pabón Miranda

Pedro Pabón Miranda

Columna: Opinión

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Es usual dentro de la conducta humana que alguien se abrogue el haber tenido la comunicación extrasensorial o divina que algo aparentemente inverosímil o por fuera del rango de la tendencia estadística pudiese suceder, tal como le escuchamos a Pachito Santos e incluso el 5-0 frente a Argentina en el Monumental de Núñez. Pero la tendencia política a nivel mundial nos está informando que esto no es un milagro, ni tampoco es el ataque contagioso de hackers a centros de cómputo. Observamos estupefactos desde estos territorios tropicales y subdesarrollados de cómo en el primer mundo, a través de la estrategia exitosa del “arte de mentir”, la Gran Bretaña aprueba el Brexit y está ahora enfrentando a secas el guayabo de tener que abandonar las condiciones favorables para acceder a un mercado de 800 millones de habitantes con altos ingresos que ya explotaba en la Unión Europea.


Pero no podíamos quedarnos rezagados y debíamos comportarnos como todos unos Lores, tal y como lo anunció proféticamente Andrés Pastrana en entrevista en CNN el viernes antes del plebiscito: “Patricia, seremos el próximo Brexit”. Lo expresó no convencido, pero sin con todos los ribetes propagandísticos. Ahora, cumplida la premonición, entonces nos vemos abocados a la incertidumbre, porque al igual que allá en las tierras Británicas, no se tiene claro el destino: El Centro Democrático, Pastrana, Ordóñez y Martha Lucía no se harán cargo de la promesa electoral de renegociar el acuerdo de paz, so pretexto de garantizar la institucionalidad, haciéndole responsable a Santos de la fiel e infalible interpretación del “pensamiento opositor” sobre tal instrumento. Es decir, el vehículo lanzado con vítores de propios y extraños emprendió la carrera y en medio de una de las pruebas exigidas, el auto conforme a las nuevas reglas requiere ser reconstruido obligatoriamente conforme al ideario de sus competidores; llamados estos para implementar las adecuaciones pertinentes, como es apenas obvio, no se hacen presente para responder por su idea, haciéndose de rogar, proponiendo como solución enviar telepáticamente las instrucciones pertinentes, eso sí, cuidadito y ponen una pieza diferente a la por ellos algún día expresada y/o soñada.

Quienes anhelamos vivir en una Colombia en paz (sentimiento que dicen compartir los del No, pero difícil de entender) le apostamos a que el lunes 3 de octubre ya se estuviese dando el siguiente paso para institucionalizar por medio de legislación el tratado de paz e ir acrecentando la confianza en Colombia por el sector inversionista y con ello los efectos positivos del círculo virtuoso del desarrollo; además, se fuesen consolidando las peticiones territoriales para implementar las Zidres en sus territorios e ir reduciendo el gasto militar en aras de destinar esos recursos a las áreas de la salud y educación pública, a la justicia e infraestructura requerida para la competitividad. Pero parece que eso seguirá siendo utopías arrebatadas y ojalá solamente aplazadas para las próximas generaciones.

¿Pero qué pasó? Pregunta recurrente desde las 5 p.m. del domingo. Hay como yo, periodistas deportivos trasnochados después del partido perdido, que osamos descubrir el agua tibia. Hay una explicación estructural: “No hicimos bien la tarea”. Pero hagamos más propio el fracaso, la abstención en general fue del 63%, siendo el de la Costa Atlántica el 73%. Cierto Mattew metió la mano, pero él apretó en la Zona, y en el Triángulo; el resto de la Costa con ganas y un paraguas, ¡listo! La Unidad Nacional gobierna los siete Departamentos (3 liberales, 3 de CR y uno de la U), si siquiera, por dignidad, hubiesen repetido la votación obtenida por los gobernadores en ejercicio (1.937.707) por el Sí (tal y como dice Uribe, que los gobernadores y alcaldes estaban obligados a ello), dejándole los votos obtenidos por el No (781.219); se alcanzaría una abstención del 63.1%, bastante similar a la nacional, dándole el triunfo al SIí por 736 mil votos (algo parecido a la segunda vuelta presidencial). Pero esto es solo llorar sobre la leche derramada.

Deja muchas reflexiones, las redes sociales se imponen como medios de comunicación eficientes, efectivos, eficaces, baratos y sin control para la estrategia del “arte de mentir”, la democracia sigue siendo manejada por la minoría (37%), la costa Atlántica decide por acción u omisión los caminos democráticos, y con ello se evidencia la falta de liderazgo político de orden regional. Además, que comparados los guarismos de las elecciones territoriales (61% votó) con estas del plebiscito (solo el 27% lo hizo), pone a la luz pública que aquí solo existen empresas electorales adheridas al presupuesto estatal que solo se movilizan bajo el interés que los ha hecho enriquecer bajo una visión cortoplacista.

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