El partido Uriberde

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

e-mail: rvisan@gmail.com

La ciudadanía democrática es el único cemento que puede mantener la cohesión entre sociedades que se alejan unas de otras.

J. Habermas.

El ala Uriberde del partido Verde ha decidido lanzar a Peñalosa(s) -como las de transmilenio- a la Alcaldía de Bogotá. Eso estaba cantado, desde la consulta primaria en la que aparecían los llamados 'tres tenores' agarraditos de la mano, cuando el más alto decía que su aspiración era a la máxima magistratura de la capital en las elecciones de mitaca, pero nunca nos dijeron que su principal "coequipero" iba a ser Álvaro Uribe Vélez.

En épocas en que el actual Presidente busca diferenciarse de su antecesor y que ha dicho que no metería la mano al fuego por él, hasta el punto de que se habla del post uribismo, los verdes quieren acercarse a éste, quizás en medio de su lógica pragmática piensan que la aciaga época de los "tres huevitos", que Mockus en su momento ofreció cuidar, fue de leche y vino para la sociedad, que todo lo que pasó estaba bien, que quizá el fin justifica los medios y ganar, es posible que para ellos, sea un fin en sí mismo.

Es más, se creería que podrían argumentar que si esta alianza es eficaz, entrarían a integrar un controvertido bloque de poder dentro de la nueva versión del frente o 'unidad nacional' conformada por los sectores más recalcitrantes del partido de la U, Conservador y el PIN, llamado Primero Colombia y renunciar a su independencia reflexiva. En ese escenario, en serio y en broma, se podría hacer un ejercicio comparativo, como en los juegos de flechas, apuntando a que frente a la cultura del atajo se contrapone la parapolítica; si la vida es sagrada: ¿qué pasa con los falsos positivos?; ante el no todo vale, dónde queda la yidispolítica, la rereelección y el escándalo de las chuzadas; si los recursos públicos son sagrados, hay que ponerle, respirándole en la oreja, a Agro Ingreso Seguro; y que si cambian los códigos y desdibujan la opción verde, en el espacio público social en el que el voto es secreto, programático y poder de decisión, también puede ser que venga una 'ola verde' de voto castigo a los que predican y no practican o engañan con un discurso de otras formas de hacer política, para terminar ahogándose en sus cálculos milimétricos de la mecánica electoral y de las alianzas non sanctas para ganar como sea y con los que sea. Su elasticidad ética, como bien definiría a la dirigencia política de este país Antanas Mockus, no pueden pretender que se irradie hasta transformarse en laxitud moral o en anomia. Es posible que necesiten rasguñar a las ligas mayores de la alta votación: la de las maquinarias, la clientela y otras prácticas; sin embargo, el desencanto en sus bases también puede llevar a que muchos de sus electores espontáneos y de opinión vuelvan a su nicho de aptitud política apolítica o que piensen: si ellos pueden hacer estos links con quien critican, nosotros podemos entrar en la mirada de que es mejor malo conocido que bueno por conocer y de esta manera ingresar o volver a los partidos tradicionales o votar en la capital por la continuidad en la administración de la ciudad; quien quita.

Ahí no cabe, argumentos van, argumentos vienen. Si les imponen alianzas a sus bases, no es un ejercicio de democracia deliberativa y, finalmente, con esas tácticas, no se dan cuenta, en el hermetismo de la mesa redonda de cinco patas de la dirigencia verde, que estratégicamente pierden la posibilidad de seguir generando cierta esperanza entre la gente de que existen formas diferentes de hacer política de cara a la ciudadanía. Mientras tanto, en su trinos góticos, se revuelca de la risa Uribe, bajo la premisa romana, ya abusada hasta el cansancio en su accionar político, del Divide et impera, quizás sembrando la idea de quemar al candidato para que sus electores pidan a gritos que no hay de otra que lanzar a este supuesto mesías para que venga a salvar a Bogotá de una hecatombe o si esto no se da, sino a la inversa, poder arropar con el manto verde oliva a sus candidatos regionales y locales a cargos uninominales de elección popular. Cómo cambia el mundo.