Entre la sátira y la crueldad

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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En 2014, cuando el semanario satírico francés Charlie Hebdo sufrió el feroz atentado que cobró la vida de varias personas, el mundo entero se solidarizó con el medio, hasta entonces de circulación limitada; Los asaltantes, musulmanes, entraron con ferocidad clamando venganza por la burla hacia Mahoma. La solidaridad mundial hacia el hebdomadario se declaró en editoriales, manifestaciones (incluso, por parte de los mismos mahometanos franceses que habían rechazado publicaciones previas que consideraron ofensivas), y, claro está, en las ventas, disparadas desde entonces.


Charlie Hebdo, izquierdista y ateo, se ha caracterizado por sus fuertes críticas a la derecha y a las religiones; sus contenidos se perciben injuriosos y son cuestionados por sus víctimas; sus defensores consideran que la libertad de expresión debe ser protegida por encima de cualquier creencia, Salman Rushdie y Bernard-Henry Lévy entre ellos. En medio de ese encendido debate, el director de la publicación, Philippe Val fue llevado a juicio. Tales son la dimensión y el impacto de los contenidos de Charlie Hebdo.

La semana pasada, después del asolador terremoto en la pequeña Amatrice (Italia) con casi 300 de víctimas (más del 10% de sus pobladores), Charlie Hebdo publicó una viñeta que despertó la furia de los italianos. El dibujo mostraba víctimas ensangrentadas, presentadas como tipos diferentes de pasta. Esa población, tan cercana a L´Aquila –devastada también por otro seísmo hace poco tiempo-, se aprestaba a celebrar el festival de la pasta all´a amatriciana, originaria de la derruida población. Su alcalde, Sergio Pirozzi, calificó la caricatura como asquerosa y lamentable. “Sobre la desgracia no se hacen sátiras”, declaró. Nuevamente, Charlie Hebdo queda en el ojo del huracán.

El muralista británico Banksy, de ignota identidad, se ha dedicado a la profunda crítica social con marcado respeto por la gente del común, atacando la impostura y la hipocresía de los poderosos. Adalid del artivismo –palabra que fusiona arte y activismo-, se expresa mediante el grafiti, y por ello es perseguido en varias naciones, por supuesto daño en propiedad ajena; pero, en verdad, por sus denuncias. Su obra de mayor impacto fue la que realizó en el infame muro que separa la Franja de Gaza de Israel, expresándose en relación con el sistemático genocidio perpetrado contra los palestinos, en el cual las víctimas son mayoritariamente niños y civiles inermes. En el video “Banksy in Gaza”, el británico simula la publicidad de una aerolínea invitando a conocer la Franja de Gaza para mostrar la siniestra situación de los más de 2 millones de sus habitantes. Ironiza diciendo que a los palestinos les gusta tanto la situación que nunca se van de ahí, que el lugar es tan exclusivo que está rodeado de muros y barcos de guerra, vigilado por amistosos vecinos. Termina el video con un profundo mensaje: “Si nos lavamos las manos en los conflictos entre los poderosos y aquellos que no tienen poder, entonces estamos tomando partido con los primeros; no nos mantenemos neutrales”. El artista de Bristol es ahora perseguido por el estado de Israel y objeto de repudio de la comunidad judía, mientras en el mundo musulmán, especialmente la comunidad palestina, concuerdan con los mensajes y celebran la denuncia. Cada quien opina según le vaya en el baile.

En mi columna “La caricatura política”, mencioné que la crítica burlesca tiene tal poder que pone de manifiesto lo que la ramplona propaganda oficial pretende ocultar, dejando al criticado sin defensa posible, lo que genera las conocidas respuestas violentas. En el caso de los grafiteros Israel Hernandez y Diego Becerra, ambos asesinados por policías en Miami y Bogotá, respectivamente, el exceso de la fuerza demuestra la impotencia para combatir contenidos. Dos muchachitos aprendices del arte mural fueron víctimas de la brutalidad oficial: en parte por la clandestinidad de su arte, en parte por la incomprensión social y, en parte, por la vulgarizada doctrina de matar al mensajero para eliminar los mensajes.

Estamos de acuerdo con la denuncia pública por cualquier medio -grafiti, caricatura, escrito, etc.- pero jamás con la burla por tragedias sociales y, menos aún, con la irracionalidad policial, militar o judicial. Debe haber menos provocaciones, pero también menos barbarie. El mundo necesita espíritus en paz.

Apostilla: Por cierto, ¿quién es Banksy? ¿Robin Gunningham o Robert “3D” del Naja, fundador del grupo musical Massive Attack?

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