Qué pena, pero ¡NO!

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Francisco Galvis Ramos

Francisco Galvis Ramos

Columna: Contrapunto

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Para ir por partes, cito la presunta pregunta para el plebiscito del 2 de octubre:


“¿Apoya usted el acuerdo final para la finalización del conflicto armado y construir una paz estable duradera?”

Cuando se refiere al “... acuerdo para la finalización del conflicto armado...”, me queda claro -espero que a ustedes también- que el se incurre en una imprecisión -por no decir que mentira-, porque de lo que se trata es de un acuerdo del gobierno para intentar la clausura del cincuentenario enfrentamiento con las Farc.

Generalizar de esa forma es inducir a engaño al electorado, que estaría creyendo que se acabaría como por hechizo el “conflicto” con todas las guerrillas, lo que no es cierto: primero, porque hay Frentes de las Farc -como el Primero que conservará la franquicia- y se apartaron de los diálogos habaneros y que, por ende, nada los une al acuerdo y, segundo, porque no obstante se aprobase el plebiscito -hecho futuro e incierto- quedarían vivas otras culebras, como el ELN y las Bacrim, que han obrado en asociación para delinquir con todas las guerrillas para el turbio negocio del narcotráfico, resultando -por tanto- primos hermanos por parte de la misma madre: ¡la droga!

La segunda parte de la oración “... y construir una paz duradera...”, sí que es un adefesio que no guarda correspondencia con el rigor mental que debe presidir los actos y las palabras de los gobernantes que, claro está, el actual mandatario viene deshonrando de forma porfiada.

Está claro -porque además lo dijo la Corte Constitucional-, que no se trata -no podría tratarse- de votar sí o no por la Paz. La paz es un valor humano, un derecho natural y un deber de los ciudadanos que no puede estar sujeta al escrutinio de la autoridad electoral. Es de tal enormidad este punto que sería tanto como poner en votación la Ley de la Gravedad para definir en las urnas se Newton tuvo y sigue teniendo razón, o no.

Ese aparte de la pregunta sobra y sobra porque, además, presumo que está puesta allí tramposamente para enervar las emociones primarias de los ciudadanos y que engañados decidan por el sí. Esa manipulación es una indecencia proveniente de gente indecente, que no respeta para nada al grueso público desinformado o carente de mínima formación política, e igualmente al resto.

El doctor Santos dándole a la agnotología: sembrando el engaño para obtener el sí.

Tiro al aire: qué pena pues, pero ¡NO!
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