Sí a la Paz

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Si usted, apreciado lector, piensa votar por el NO en el próximo referendo o abstenerse, le invito a reflexionar un poco. No somos enemigos por pensar distinto: dejemos esos asuntos a los intolerantes. Olvidemos la propaganda sucia. Ni usted ni yo jamás aceptaremos las canalladas de las Farc, que han violado de todas las formas posibles las normas civilizadas de convivencia.
Igual que usted, considero que todo terrorista merece los castigos más severos. Soy librepensador, ajeno a cualquier doctrina; lo mío es la filosofía política. No creo en extremismos de ninguna especie. Si el gobierno y las Farc acordaron negociar un cese definitivo del conflicto, se debe en buena parte a que los gobiernos de Uribe y Santos les asestaron golpes severos que les restaron poderío militar y control político en las regiones en donde, por ausencia del estado, cooptaron el poder político, militar e institucional. Hasta acá, podemos estar de acuerdo; en adelante, podremos tener diferencias de criterio.

Las guerrillas en Colombia son consecuencia y no causa de los problemas sociales: La génesis del conflicto es, sustancialmente, la tenencia de la tierra. Cuando Guillermo León Valencia tuvo la oportunidad histórica de terminar con las guerrillas liberales de una manera sencilla (entregando unas cuantas hectáreas y unos pocos animales que solicitaban los guerrilleros para desmovilizarse), la respuesta fue militar: la Operación Marquetalia, en 1964. De ese fallido intento surgen las Farc; luego, otras guerrillas: Eln, Epl, M19 y demás, influenciadas por soviéticos, cubanos y chinos. Después, el paramilitarismo y otros flagelos sociales. Han existido varios procesos de negociación entre fallidos y exitosos con el propósito terminar civilizadamente con las guerrillas: no es este el primer proceso, ni el último tampoco. El M19, el Epl y otras insurgencias se reincorporaron exitosamente a la sociedad. Queda pendiente el Eln, además de las Farc.

El conflicto interno en Colombia ha dejado 8 millones de víctimas, con más 1,5 millones de muertos: escalofriante. Agregue pérdidas de tierras y propiedades, desplazamiento forzado, exclusión social, delincuencia consecuente... Un infierno para las víctimas. ¿No lo sería para usted si también fuera víctima? Si bien el Frente Nacional calmó la violencia bipartidista de entonces, generó la otra violencia que hoy azota a Colombia, en la cual están involucrados el narcotráfico, políticos, empresarios y otros actores legales e ilegales. Incluso, países extranjeros.

Más allá las barbaridades perpetradas por todos los actores del conflicto, de sus razones y acciones, de sus conveniencias o creencias, es hora de detener civilizadamente esta vileza que desangra familias enteras, que desarraiga a muchos compatriotas de sus terruños, que le quita recursos a las necesidades primarias –principalmente, educación, salud, infraestructura y trabajo-, que apadrina a la corrupción, destruye el medio ambiente y causa daños sociales irreparables representados en odios, rencores, o intolerancia mutua entre opositores. Quizás usted, con toda razón, pida sanciones ejemplares; argumentará usted que algunos jefes paramilitares terminaron encarcelados en los Estados Unidos y que las Farc no irán prisión. Posiblemente, usted elude debatir que las Farc no fueron derrotadas militarmente, que fueron invitadas a negociar por el actual mandatario quien las golpeó ferozmente como Ministro de la Defensa y ahora como Presidente; que es propaganda negra la entrega del país a las Farc o la imposición de un régimen comunista, que es falaz afirmar que Santos es un comandante guerrillero infiltrado, cuando todos sabemos que es aristócrata, económicamente poderoso, y doctrinariamente de centro derecha.

La mayoría de colombianos apoyamos el SI porque es que la manera menos cruenta de terminar la guerra, inútil y fratricida es civilizadamente: el diálogo siempre será mejor recurso que la vía armada, aun haciendo concesiones “inaceptables”. Acá podremos coincidir nuevamente: todos queremos una Colombia sin guerra, sin tanta criminalidad, sin odios, tolerante, respetuosa e incluyente, sin corrupción y con una inversión social simétrica, un país en donde todos quepamos que apunte al desarrollo. Le invito a reflexionar, a promover respeto por las diferencias de pensamiento, y a pensar en una Colombia en armonía. Usted y yo, y nuestros conciudadanos lo merecemos. Y, la mejor manera, es terminar debidamente los diálogos para empezar a buscar la paz. Sin obstáculos innecesarios. “Choque esos cinco gusanos del extremos de la extremidad superior derecha: en español, deme esa mano”, como decía El Flecha, y démosle una oportunidad a la paz.
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