Y si el plebiscito no funciona y el pueblo vota no a ese oprobio

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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

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“Una mentira repetida cien veces puede convertirse en verdad (Joseph Goobbels – Ministro de la propaganda Nazi)


Por estos días el país o, mejor dicho, la Patria Boba, se debate en las más absurdas de las discusiones políticas por cuenta del famoso “acuerdo” del que tanto se habla, pero poco se sabe y es a partir de allí de donde se desprenden tantas pendejadas que se dicen, de un lado y de otro, mientras el país se despedaza de manera inmisericorde por cuenta de un gobierno blandengue, pusilánime y genuflexo que solo piensa en que el presidente obtenga el premio o, por lo menos, la nominación al Nobel de Paz, como si con eso se ganara algo para el pueblo y solo sería un pantallazo más, otro, de quien está fungiendo como primer magistrado y está llevando por el mundo un parte de victoria que simplemente significa la entrega total.

Llevamos casi cuatro años siendo el hazmerreir del mundo que sabe la verdad y no se ha dejado obnubilar ni embaucar con este esperpento al que los colombianos le apostarían con los ojos cerrados, siempre que la situación se diera en condiciones de respeto y dignidad y aquellos que han rebasado los linderos de los derechos humanos y masacrado las ilusiones de muchos compatriotas, obtengan su castigo, acorde con la dimensión de sus atroces comportamientos y no esa vergonzosa estela de beneficios que podrán recibir, porque así lo han querido unos payasos que están convencidos de haber descubierto que el agua moja y deliran pensando que el pueblo les agradece plenamente lo que está haciendo, algo que hasta su propia familia repudia y censura.

El Presidente, como cabeza visible de un gobierno enredado propone la celebración de un plebiscito para que a través de él se refrende lo que se acuerde en La Habana y en un acto de asimetría política y desvergüenza ciudadana ha decidido que era imperativo bajar el umbral al 13% del censo electoral y de ese modo el sí que defiende pueda obtener una irrisoria suma de votos, es decir, se requieren cuatro millones y medio de votos para que el Gobierno lance vítores y serpentinas, sin importarle ni dársele absolutamente nada, al sepultar una de las reglas más precisas y preciadas de cualquier democracia, el que la mayoría de los habitantes salgan a votar y ha preferido, en caso que se llegue a dar, obtener un triunfo pírrico que la historia, más temprano que tarde, le cobrará y habrá de castigarlo, tal como se castiga a los traidores de la patria, por cuanto es inconcebible que de una población de casi 50 millones de habitantes, solamente se requieran tan pocos votos para refrendar algo trascendental.

En fin, por eso estamos como estamos, revolcándonos en nuestra propia vergüenza y pareciera que ahí seguiremos por un tiempito más mientras nuestros dirigentes políticos sigan creyendo que pueden continuar haciendo con la patria lo que les venga en gana y dándoselas de estadistas postmodernistas exponen miserables ideas y teorías que solo buscan diezmar la dignidad de un pueblo que quiere la paz, -quién no la quiere-, pero no a cualquier precio y con baratijas democráticas que permitan que las instituciones, aun las más desprestigiadas, sucumban ante los avatares políticos y resulten siendo cooptadas y permeadas por aquellos que hoy siguen irrespetando y burlando a un pueblo que está cansado de seguir poniendo los muertos. Sigo sin entender por qué el Gobierno insiste en hacernos creer que solo ellos quieren la paz, por cuanto esa es la función de cualquier gobierno, por muy malo que sea, pero la Constitución plantea unos mínimos estándares en esa incesante búsqueda y no es con un adefesio como el que se está ofreciendo para así estabilizar una acuerdo con la insurgencia, mientras siguen andando como ruedas sueltas otros actores del conflicto, lo que significa y sería bueno que todos esos áulicos que vociferan que al día siguiente de firmado el acuerdo llegará la paz, porque eso no es cierto y será necesario que en la misma tómbola se metan a todos los agentes desestabilizadores y así la cosa pudiera cambiarse y preverse resultados más halagüeños.

Pero bueno, unos votarán por el sí y otros por el no y como “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, habrá que esperar cómo se van decantando las cosas y las cargas se vayan equilibrando, por cuanto las cosas para el Gobierno no parecen fáciles, sobre todo, cuando el adormecido pueblo está despertando de ese sopor democrático y da muestras de querer ir a las urnas y propinarle una muenda a ese entuerto. Llegará ese instante y recordemos que el día de la quema, se verá el humo.

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