Prejuicios

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

e-mail: [email protected]

Tiendo a ser prejuicioso a hacerme ideas erradas de la gente, a juzgarlos y cada vez que puedo los hago sentir mal. No está bien hacerlo, sé que eso destruye puentes de comunicación con los otros y que no habla bien de mí.

Quisiera Señor en esos momentos, ponerme en los zapatos del otro, experimentar como se siente que alguien que no me conoce, exprese ideas de lo que no soy. Estoy plenamente seguro de que no se siente bien, por eso no quiero hacerlo más, quiero darme a la tarea de conocer a los demás y valorarlos por encima de sus defectos o virtudes.

Yo no soy quien para juzgar a nadie, no sé qué situaciones están viviendo los otros. Una costumbre que se ha generalizado es la de hacernos ideas anticipadas de los otros, es decir, ser prejuiciosos.

Algo que resulta dañino para alguien que necesita de los demás, que quiere construir mejores relaciones con los que están a su alrededor. Recuerdo que en mis años de estudiante de bachillerato un compañero se me acercó a decirme: “no pensé que fueras capaz de comprar unos zapatos tan bonitos como esos, pensé que tenías mal gusto como aquellos con los que andas.

” Ese día entendí lo que era el prejuicio, como su nombre lo indica es el juicio preconcebido, -que se hace antes de- tener contacto real con una persona o situación. Lo más triste es que muchas veces nos privamos de conocer gente que le va a hacer mucho bien a nuestras vidas, porque simplemente tenemos ideas equivocadas de ellos antes de empezar a conocerlos. Además, resulta complicado cuando esas presunciones las expresamos verbalmente a otras personas y armamos una bola de nieve que cada vez se hace más grande.

Generamos un ambiente hostil, nos convertimos en destructores del otro y lejos estamos de anunciar a Jesucristo, pues antes de ser bendición para los demás, somos maldición.

El ejercicio que voy a describir a continuación me ha ayudado a trabajar en grupos humanos en los que el prejuicio es el pan de cada día: imagina cuánto daño podría causarte que llegaras a un lugar en donde nadie sabe absolutamente nada sobre ti, pero todos se han hecho representaciones de lo que tú no eres, piensa en el daño que eso podría causarte para relacionarte con ellos y lo que tendrías que hacer para cambiar esa idea en cada caso particular. Para comenzar algunos creen que eres chismoso, otros que eres peleonero, que te gusta robar o que no eres para nada servicial. Cómo luchas contra eso, cómo te sentirías, te tocaría demostrarle a los otros que tú no eres lo que ellos se han imaginado, trabajo muy duro en la medida en que tú vida desde ese momento caminará en función de hacerle ver a los demás que eres alguien distinto y cada vez que vayas a decir o hacer algo lo pensarás mucho más de la cuenta, pues cualquier cosa podría ser utilizada en tu contra. Eso que estás sintiendo en este momento es lo que siente alguien a quien los prejuicios le han perjudicado.

No nos enfoquemos en imaginarnos como actuarán los demás, es preciso abrirse a conocer nuevas formas de ver la vida. Estudios indican que somos prejuiciosos por conveniencia, para dominar, discriminar, descartar en incluso para aceptar, pero lo cierto es que de nada nos sirve al momento de entablar una nueva relación, pues lo que logramos muchas veces es poner una barrera que no deja que el trato con el otro sea el mejor.

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