Un líder como Moisés

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Muchos somos jefes. En el hogar, en la empresa, en el equipo de deportes, etc. Y hemos creído que ser jefes es mandar únicamente. Pero no. La experiencia de Moisés en el libro de Números nos muestra que el líder también tiene que interceder, mediar por los que tiene a su cargo.

Cuando el pueblo le hace un motín a Dios –el enésimo que hacen- este decide castigarlos: “El Señor dijo a Moisés: -¿Hasta cuándo me despreciará este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán con todos los signos que he hecho entre ellos? Voy a herirlos de peste y a desheredarlo”. (Números 14,11-12). Se lo merecen.
Moisés muy bien hubiera podido decirle: ¡bien hecho, Señor! Ya que el castigo a él no lo abarcaba: “De ti –Moisés- sacaré un pueblo grande, más numeroso que ellos”.

Tal vez muchos de nosotros hubiéramos actuado así, pero no Moisés, el ama a su pueblo y no quiere que estos se pierdan, por eso intercede por ellos ante Dios: “Señor, paciente y misericordioso, que perdonas la culpa y el delito, pero no dejas impune; que castigas la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos, perdona la culpa de este pueblo por tu gran misericordia” (Números 14,18). Es la manera de entender a Dios de ese momento, nosotros sabemos que siempre es misericordia y perdona a todo el que se arrepiente. Moisés intercede por su pueblo, pide a Dios que los perdone.

Esa es la actitud de un líder que se sabe responsable de su pueblo. Creo que esto le hace falta a los papás, a los profesores, a los jefes, a los capitanes de equipo, etc; a todos aquellos que tienen personas a su cargo, tienen que sentirse responsables y tratar de ayudarlos. Pienso en nuestros líderes políticos y me preguntó ¿qué tal si en vez de pensar solo en ellos y en sus intereses pensarán en su pueblo, en las personas que representan? Estoy seguro que todo sería muy distinto a como lo es hoy. Algún día un político, que tiene mala fama, me habló como media hora de su hijo, de las necesidades de su hijo, de las cualidades de su hijo, de las oportunidades que merecía su hijo y lo hacía con tanta ternura y compromiso que solo pude pensar: - ojalá algún día este señor quiera a su pueblo como su hijo. Porque estoy seguro que ese día el sería el mejor de todos los políticos de nuestra región y porque la llevaría a un gran desarrollo.

Hay que amar a los que Dios ha puesto en nuestras manos tenemos que ver cómo ayudarles a ser cada vez mejor. Eso es lo que nos enseña el líder bíblico con su actitud ante Dios, de pedirle que perdone al pueblo y que le dé una nueva oportunidad. Y espero que nosotros lo podamos aprender.
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