Nuestro decrépito sistema de transporte

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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El transporte en Colombia está condenado a un letargo de varios años. El sector es un campo de exterminación de nuevas ideas. Además, es un grupo hermético que lucha por mantener un monopolio absurdo y que va en contravía de los consumidores.

Durante la primera mitad del siglo XX se construían ferrocarriles a la loca, sin planeación y cada línea incompatible, en especificaciones técnicas, con la otra. Además, la empresa pública encargada de administrar el sistema era un circo de la improvisación, cuyos principales actos eran las huelgas e incumpliendo de horarios. El mal manejo de los ferrocarriles nacionales le dejó el monopolio de la carga servido, en bandeja de plata, a los camioneros. Producto de ello, el país debe someterse anualmente a un paro de transportadores para que ellos sigan afianzando su poder y desviando cualquier viento de cambio. A falta de una solución multimodal, las tractomulas estacionadas ponen en jaque a la economía nacional con gran facilidad.

El más reciente paro trae como petición cerrar las alternativas al crecimiento del parque automotor y resucitar la inconveniente tabla de fletes. Curiosamente, ambas peticiones son contradictorias si se analizan desde un punto de vista económico.

Por una parte, la tabla de fletes, que limitaba el valor mínimo del transporte, incentiva a que rueden más vehículos de los necesarios. Pues impone un precio por encima del que habría bajo competencia y que mantener a flote a jugadores ineficientes que deberían salir del mercado, he ahí la razón de porqué hay tantos camiones. Cabe aclarar que aunque la tabla de fletes haya sido eliminada en el 2011, se creó un mecanismo que hace prácticamente lo mismo. El Sice-Tac es un sistema de información que permite ver cuánto vale el transporte de mercancías de un punto a otro. A juzgar por el ofrecimiento del Ministro de Transporte de aumentar los valores de referencia de 38 rutas en 8%, su elaboración no parece ser tan técnica. Los precios de referencia, que es de esperarse se tomen como mínimos, al igual que la tabla de fletes, perjudican tanto a productores como a consumidores. Pues la cadena de producción es artificialmente costosa debido a que se obliga a pagar un valor mayor al eficiente por el transporte de mercancías.

La nueva joya en el mercado de carga nacional es la imposición de cupos. El programa 1 a 1 del Mintransporte, ideado por la exministra Natalia Abello, la misma que posó en un bochornoso vídeo, al lado del presidente de sindicatos de taxistas, declarándole la guerra a Uber, ofrece dinero a cambio de la chatarrización de tractomulas. Sin embargo, el sistema solo es aplicable si sale un vehículo de las carreteras, ergo para que un vehículo nuevo pueda matricularse se debe sacar uno que esté en rodamiento, cualquier parecido con lo que pretende el Ministerio para los taxis especiales en Bogotá es pura coincidencia. Este sistema solo fortalece el poder que tiene el gremio para perjudicar el bolsillo de los ciudadanos de a pie, en un modelo similar al que se emplea con los taxis Bogotá y que le entrega las calles a Uldarico y sus amigos.

El Ministerio de Transporte no solo yerra en regular la carga. El transporte urbano está sometido a medidas incluso más arbitrarias. El Ministerio ha llegado al extremo de pedir que el país bloquee la aplicación de Uber, al mejor estilo del autoritario gobierno chino que veta el acceso a varias páginas web.
No se dan cuenta que son las viejas estructuras las que tienen que adaptarse. Los usuarios estamos pidiendo un cambio, y la tecnología nos está ofreciendo servicios más seguros y de mayor calidad. Incluso, el surgimiento de trayectos compartidos, ofrecidos por Uber Pool, podría ayudar a aliviar la congestión de ciudades en horas pico y reducir la contaminación generada por trayecto.

Los sistemas de cupos han creado monopolios y le han otorgado poder a unos pocos para aplastar el bienestar de la mayoría. Los paros y las extorsiones a usuarios de Uber son consecuencia de políticas erradas que nos han conducido a ser uno de los países menos competitivos en el mundo en temas de transporte. A la vez que los conductores de taxis que no respetan las normas de tránsito y que conducen como locos no son sancionados.