Terrorífica advertencia presidencial

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Escrito por:

Iver Pernett Infante

Iver Pernett Infante

Columna: Opinión

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Con el amor de un buen padre a sus hijos, el señor Presidente informa y advierte al pueblo que “las Farc están preparadas para una guerra urbana si fracasara el proceso de paz”. Terrorífica advertencia: la guerra ya no será al pie y al filo de nuestras cordilleras, como en la época del finado Pedro Antonio Marín Marín, sino en las calles y edificaciones de nuestras ciudades, en los parques, en las oficinas públicas y privadas y en el interior de las escuelas y colegios, de las universidades, de nuestros santos hogares. Los villorrios, los pueblos y grandes ciudades serán arrasados y tomados por la subversión, los cadáveres permanecerán insepultos porque no habrá tiempo ni personal que haga limpieza y abra fosas, y gobernantes, políticos y ciudadanos que hayan tenido alguna acción contra las fuerzas subversivas serán condenados en juicio sumario a la pena capital.


Ante esta cruel posibilidad, este criminal y dantesco panorama, ¿el señor Presidente nos está diciendo que ha dado órdenes para que nuestro otrora Glorioso Ejército Nacional se pertreche, como nunca antes en su bélico historial, para sofrenar definitivamente el embate de los subversivos? ¿Nos está advirtiendo de que ante esa aviesa posibilidad debemos estar unidos contra el enemigo común, y preparados para combatirlo apoyando las medidas gubernamentales y del Ejército? ¿Nos insinúa que si nos doblegamos ante el empuje de los insurrectos nuestra tradición de pueblo democrático se desmoronaría para sumirnos en las abismales aguas crueles del socialismo castrochavista? ¿Nos dice que si no reaccionamos con premura y fuerza en poquitos años Colombia sería muy semejante a la Venezuela de hoy? ¡No! ¡Nos está diciendo es que si no votamos! ¡Sí! a su convenio con la subversión, esta desde el día siguiente trasladará su furia guerrera de las selvas a los pueblos, a las ciudades e incluso a la capital. Se tomará el país, y, entonces, padeceremos la réplica cruel y criminal del famoso paredón castrista. Todos los gobernantes, los políticos, periodistas y simples ciudadanos opositores a su cruel accionar de doce lustros, padecerán su venganza. Nuestro noble y glorioso Ejército debilitado, desmoralizado se verá de pronto recibiendo órdenes de los jefes sediciosos.

Pero, ¿cómo puede ser posible que esta fuerza subversiva, que el doctor Uribe (“Usted es el mejor Presidente que ha tenido Colombia”, palabras casi santas.) entregó diezmada a su reemplazo en el gobierno, haya adquirido en tan poco tiempo, estos últimos tres años, la capacidad guerrera para pelear de tú a tú con nuestro Ejército en las calles y barrios de nuestras urbes?

Ante este premonitorio, desolador, trágico y cercano futuro, nuestro otrora glorioso Ejército deberá soltarse las amarras, y vigilar que el ¡no! del pueblo no se traspapele y se imponga.

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