El país al borde de un ataque de nervios

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Tratando de entender mejor qué es lo que le espera a Colombia una vez firmado el acuerdo de La Habana, me di a la tarea de buscar libros que trataran sobre la génesis del conflicto social armado en Colombia, y realmente quedé sorprendido sobre lo mucho que se ha escrito y analizado el tema. Más aun, ya hay varios trabajos con visión prospectiva y que tratan de resolver la pregunta de qué sucederá una vez firmado el fin del conflicto armado.

Preguntándole a la gente, que es mi método preferido de tomarle el pulso a una situación, he notado una enorme inquietud e incertidumbre con respecto al amorfo “posconflicto”. Por cierto, una inquietud que es común a todos los sectores sociales y económicos, pero que es más aguda en el sector empresarial.
El consenso entre los empresarios es que tanta incertidumbre sobre diversos temas, entre estos la reforma tributaria, los está llevando a una prudencia excesiva que se ve reflejada en las inversiones que planean hacer en los próximos dos años. Esto sin duda va a tener un impacto grande en los indicadores macroeconómicos. Ante tanto nerviosismo, el Gobierno se muestra impotente para despejar dudas y darle tranquilidad a los que mueven la economía del país. En medio de la presente crisis económica regional es cuando más necesitamos que los empresarios que tienen presencia en Colombia inviertan. Realmente, el freno a la inversión muestra pesimismo a futuro. El pesimismo es siempre un compañero indeseable.

No solo los empresarios no están dispuestos a invertir sino que ese mismo nerviosismo en el ciudadano común se refleja en apoyo decreciente al proceso de La Habana. Un gobierno despistado y desconectado parece no haberse dado cuenta de que el pan se le va a quemar en la puerta del horno; o si se ha dado cuenta, pues no ha hecho mucho para hacer la pedagogía efectiva que sabe necesita para sacar adelante el acuerdo de La Habana. Los intentos por aclarar dudas y tranquilizar a los colombianos hechos hasta la fecha han fracasado. En la medida que se hace inminente la firma del acuerdo, el nerviosismo y la intranquilidad crecen, cuando la tendencia debería ser en el sentido opuesto.

Entre muchas personas existe la idea, más que una idea un sentimiento de rabia, de que se va a premiar a los delincuentes. La rabia de la gente es que a los terroristas de las Farc, se les van a dar ventajas económicas que sobrepasan en mucho lo logrado por muchas familias a punta de trabajo honesto y sacrificio; mejor ser delincuente terrorista que pobre y honrado.

La gente aún no entiende que haya que pagar un costo enorme sin que se conozcan los beneficios. Hasta ahora casi toda la pedagogía oficial ha sido alrededor de los costos de la “paz” y no de los beneficios. La peor estrategia de venta del mundo.

En mi opinión, un posconflicto estructurado como una forma de asistencialismo a los terroristas es equivocado y está condenado al fracaso. Yo opino, que las Farc tienen por fuerza que ser parte activa de la solución a los problemas sociales del país. No pueden firmar un papel, y sentarse a esperar a que les llegue el cheque. Si esto va a ser así, avísenme para enlistarme rápidamente en las Farc.

Considero que entre las filas de las Farc hay combatientes que honestamente creen en la causa por la cual empuñan un fusil. Esta motivación, en un escenario posconflicto, debería ser aprovechada para que estas personas se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades, una vez se les proporcione el entrenamiento adecuado. Están bien documentados casos en que el cambio en la escala requerida solo pudo ser efectivamente logrado cuando los agentes de cambio eran parte de la población que se pretendía cambiar. Un miembro de la comunidad con el conocimiento adecuado, sin importar su nivel educativo, tuvo éxito donde fracasaron los doctores y los especialistas.

En un país como Colombia con presencia diferenciada del Estado en las regiones, la construcción de Estado es una tarea titánica, y generalmente por el camino de leyes y políticas públicas no se logra el objetivo, porque aunque son condiciones necesarias, no son suficientes.
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