El líquido “perlático” de la consorte del toro (Ese y otros lapsus del milenio)

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Iver Pernett Infante

Iver Pernett Infante

Columna: Opinión

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He pasado horas inmerso en Google anheloso de hallar pistas sobre el autor de la frase que titula este comentario, pero ni la más leve referencia, aunque sí muchos apuntes sobre el líquido de la consorte del toro, sus usos, su color otrora blanco (ahora es cremoso). Periodistas, novelistas, comentaristas radiales y de TV., humoristas, estudiantes de bachillerato, universitarios, simples ciudadanos y, en mayor medida, poetas han citado y repetido ese verso. Pero, ¿será su atractivo la exultación que produce repetirlo sin que, incluso personalidades de reconocida cultura nacional, y universal, sean conscientes del peligro que encierra el adjetivo perlático, un criminal canto de sirenas que encubre su mortal significado hasta el extremo de que se usa como sinónimo del color de la leche?


Muy conocido es el ingenio del aedo Luis de Góngora y Argote, autor del verso original: “...el líquido súper láctico de la consorte del toro...”, al cual alguien (quisiera saber quién), cambió el adjetivo láctico, inane aunque equívoco, por el terrible perlático, creyendo corregir al eminente Góngora. Lo cierto es que, incluso entre escritores destacados, es usual dejarse influir por la eufonía de algunos vocablos cuyo significado dista del que aparentan, y dicen inconsútil, como sinónimo de sin sudor, siendo “sin costura” su significado; rozagante, es usado como sinónimo del color rosado (equívoco de Mario Benedetti, laureado escritor uruguayo, en su novela La Tregua), siendo su significado “orondo, ufano, orgulloso”; bledo, algo más desvalorizado que nuestro centavo, el mismo ”Larousse” se equivoca al decir: no valer un bledo, pues su uso correcto es “valer un bledo”: no tener valor; libertario, “similar de acracia, de anarquía”, un maestro de la Masonería barranquillera lo utiliza como sinónimo de libre, de libertad; el caso más extraordinario es el de nuestro Nobel, quien en la revista Diners (junio 1997), lamenta que su frase “...la osamenta “carcomida” por los gallinazos...” no hubiera salido impresa, por error del editor, al final de su libro del amor y otros demonios, pero, ¡ay!, por fortuna para él porque, de no haber faltado, hubiera sido el gazapo del siglo. ¡Cómo sufrirían los pobres gallinazos tratando de carcomer (roer) un esqueleto! Carcomen el castor, la carcoma, la ardilla, el conejo por ser roedores merced a sus incisivos, lo que no tienen los gallinazos. Y en la misma revista alguien comenta que si esa frase del Nobel hubiera salido, el libro se habría convertido en incunable. ¡Craso equívoco! ¿Quiso decir un best seller? Más posible sería ver un gallinazo carcomer, que devolver el tiempo del siglo XX a los últimos años del siglo XIV y el siglo XV, inicio y fin de los incunables, no muy escasos, por cierto, ya que 7.500 reposan indolentes en la biblioteca del Estado Vaticano.

Pero, Luis de Góngora y Argote también introduce las de andar al escribir “...líquido súper láctico...”. Láctico es un alcohol ácido que agria la leche para hacer yogur, benigno comparado con el adjetivo perlático, nombre que damos al afectado de perlesía (debilidad muscular, temblor y parálisis), y ambos nada tienen de común con la leche ni las perlas.

Si la idea era usar un adjetivo con el significado de parecido a la leche, existen lactescente y lácteo. Si era solo para comparar el blanco de las perlas con el de la leche, existe el adjetivo perlino.

Entonces, el verso correcto debió ser: “el líquido super lácteo de la consorte del toro”, o “el líquido super perlino de la consorte del toro”.
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