Muhammad Alí, espíritu libre

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Muhammad Alí fue reconocido por el mundo como uno de los mejores boxeadores de la historia, y en los Estados Unidos por sus luchas libertarias que reivindicaban los derechos de negros y musulmanes. La pasada semana abandonó el mundo terrenal el más grande para muchos, el más influyente sin duda alguna.

Nació Casius Clay, en Louisville, en 1942. El boxeo le proporcionó una vía para surgir y, después, para expresar sus anhelos de libertad, igualdad y respeto a los islamitas afroamericanos: su chocante arrogancia le generó muchos enemigos pero los guantes le abrieron las puertas de la visibilidad mediática. Aquel mediocre escolar ganaba sin dificultad en los cuadriláteros; si Kentucky fue su cuna deportiva, Roma fue su trampolín; en 1960 se alza con la medalla olímpica de los pesos semipesados. El legendario entrenador Ángelo Dundee, en adelante su mentor, lo acoge y rápidamente lo eleva a las cumbres deportivas.

Sin derrota alguna y numerosos nocauts, ganó los títulos mundiales de las asociaciones existentes y el título unificado del legendario Sonny Liston, a quien derrotó por nocaut; el entonces campeón, “seguro ganador” en las apuestas, resignó su corona ante el bisoño retador, el 25 de febrero de 1964. Después del triunfo, desde las cuerdas gritó a los periodistas -opuestos al enfrentamiento porque temían una masacre de Liston al jovencito-: “tráguense sus palabras, soy el mejor, estremecí al mundo”. Mostró un estilo diferente, ágil, muy veloz, de muchos movimientos y variantes técnicas; el conjunto de brazos, piernas, cintura, lenguaje y golpes era muy superior al casi primitivo de los pesos pesados de entonces: “flotaba como mariposa y picaba como abeja”, según su asistente Drew Brown. Pocos días después, Clay ya era Muhammad Alí (“amado de Alá”), un larguirucho y lenguaraz negro musulmán que retó al sistema: el nombre que eligió Elijah Muhammad, líder de la Nación Islámica a la cual llegó invitado por Malcolm X, borraba su “nombre de esclavo”.

Esa conversión al Islam en una nación anglosajona y protestante le trajo muchos problemas, especialmente por sus causas libertarias en un país excluyente en materia política, religiosa y, especialmente, racial. Sin embargo, las lonas testificarían las derrotas de todos sus retadores. En 1967 rechazó su incorporación a las filas militares para combatir en Vietnam por objeción de conciencia, diciendo: “no tengo problemas con los vietcong, ningún vietcong me ha llamado nigger”. Confiscado su pasaporte, despojado de sus títulos y sin licencia para boxear por más de 3 años, regresa al ring gracias al senador Leroy Johnson. En 1971 le retornan sus derechos civiles y Alí puede boxear sin obstáculos legales. Decían entonces que Alí ya no era el mismo, pero acumulaba victorias contundentes y nuevamente gana sus títulos hasta llegar a su primera pelea de reunificación con el campeón Joe Frazier, quien le propinó la primera derrota luego de su primera caída a la lona: fue considerado uno de los mejores combates de todos los tiempos.

Tras recuperar sus títulos, en su segundo reinado protagonizó épicos combates: en 1973, frente a Ken Norton pierde por decisión dividida, a pesar de su mandíbula fracturada: no se retiró. Las siguientes dos contiendas frente Frazier, Foreman y otros marcaron su decadencia, al punto que terminó peleando contra luchadores antes de perder con el desconocido Leon Spinks, a quien derrotó en la revancha, obteniendo su tercero pero opaco reinado. Sus últimas peleas estuvieron marcadas por la melancolía la grandeza: Larry Holmes, su ex sparring, le derrotó con misericordia en su intento por su cuarta corona orbital, igual que Trevor Berbick. Tenía 40 años y muchos golpes recibidos.

Tras su retiro, convertido en predicador musulmán y activista de sus causas, le descubren la enfermedad de Parkinson, convertida ahora en su compañera permanente. Dedicado a labores humanitarias, Alí fue nombrado Mensajero de la Paz, por la ONU en 1998, abrió Muhammad Ali Center, que fomenta los valores cívicos, y Muhammad Ali Parkinson Center, para luchar contra esa enfermedad. Recientemente, enfrentó duramente al candidato republicano Donald Trump por sus declaraciones contra los musulmanes.

Rocky Marciano es el ganador de los records absolutos en los pesos pesados y ganador entre ambos según la computadora, pero Alí, el dueño de los corazones de los aficionados al boxeo y del espíritu libertario de los negros musulmanes estadounidenses.
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