Aeropuerto de Santa Marta

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Rafael Gónzalez Paredes

Rafael Gónzalez Paredes

Columna: Yo, el escribano

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Prudencia, objetividad, menos aún conjeturas, requiere un tema candente y sensible como es el aeropuerto Simón Bolívar de Santa Marta.

 

Tomo como referencias las experiencias de un río, de un muelle, de la intervención del hombre y su impacto con las fuerzas de la naturaleza.

Río Magdalena. Theodore E. Nichols en su libro Tres puertos de Colombia, destaca que en el siglo XIX el calado en la desembocadura del río Magdalena —Bocas de Ceniza— en ciertas mediciones era de 1 metro.

Imponente desembocadura con solo un metro de calado. Cambiante banco de arena que fluctuaba de un momento a otro su profundidad y permitía por momentos la entrada de barcos de mediano y gran calado, que impedía la navegación entre el mar y el río en una Barranquilla que crecía y precisaba un puerto de embarque

En la bahía de Bahía construyeron un larguísimo muelle que se adentraba más de 1.200 metros al mar por el poco calado en estas costas.

Lo llamaron Puerto Colombia, en su momento ponderado con maravillosos calificativos, no obstante,  requería trasbordo del muelle hasta Barranquilla y viceversa y nuevo cargue o descargue a las embarcaciones que llevaban o traían mercancías del interior del país.

Luego de décadas de tira y afloje político, de estudios y contratos y mucho dinero en ‘comisiones’, se construyeron tajamares, dragaron un canal de navegación y obras complementarias, también un muelle.

Debido al eficaz Puerto de Barranquilla, años después se abandonó el muelle de Puerto Colombia. Muelle de poco calado y corta vida, tal como se había anunciado.

¡Sorpresa! Se oculto que décadas después de la construcción de dichos tajamares la dinámica marina arrasaría la isla de Salamanca. Ya está ocurriendo. La solución del Gobierno es acomodar enormes rocas donde el embate del mar se toma la carretera. Un mientras-siempre.

Estimado lector, no sonrías, ni dudes, no seas incrédulo, ni sabio ni burlón. Acaso no ocurrió el previsto abandono de Puerto Colombia y en este instante el mar cobra terrenos en la isla de Salamanca.

Aeropuerto Simón Bolívar: La información que tengo es de segundas manos. Se dice de una reducción en el largo de la pista del aeropuerto Simón Bolívar de Santa Marta, como también de una futura ampliación que precisa 350 metros dentro del mar.

Rivalizar con la dinámica marina no es una buena opción, si tenemos la posibilidad en áreas de Ciénaga. Así el Gobierno Central manifieste que una obra sin antecedentes en Colombia como una pista aérea dentro del mar es “pan comido”.

Para qué tal alargamiento de la pista, si dentro de unos años, hecho el daño costero, y por el incontenible auge del turismo, precisemos enorme aeropuerto en un lugar que permita vuelos sin escalas desde los lugares importantes del mundo ‘to Macondo Airport’.  Ese nombre sería un imán.  

Había considerado como opción plausible las obras de remodelación contratadas en el aeropuerto Simón Bolívar, —entre algo hacer y nada hacer, prefiero algo hacer— pero cuando me enteran la irrupción al mar, es de prudentes considerar otras opciones.

Para qué exponer con un cambio en el litoral lo desarrollado desde Cabo Tortuga hasta Puerto Galeón, para qué estirar un aeropuerto que no cabe en ese lugar, donde el tráfico aéreo impone decibeles y una catástrofe aérea sería lamentable. Sin considerar que el ‘Simón Bolívar’ no tendría terminal de carga.

Acepto la remodelación, jamás intervenir el mar, menos aún una pista corta..

Colombia —sus papeleos y consecuentes favoritismos— impiden las obras sin antecedentes en su tipo con los estándares de otros lares.   

Ya somos destino turístico mundial. ¡Ahora precisamos pasar a un nivel superior! Tenemos las condiciones naturales para desarrollar un turismo de alto nivel rentable para todos —inversionistas, propietarios operadores, raizales…— nos falta lo fácil, lo construible, lo artificial: vías de comunicación (terrestre, aérea y marítima) agua, luz, ordenamiento territorial y otras cositas más. Además de muchísimas  personas amables, preparadas y bilingües,

En el transporte aéreo es esencial e inobjetable ser destino de un vuelo. Aquellos lugares que requieren trasbordo están condenados a ser segundones. (Recordemos la muerte de Puerto Colombia, pues precisaba trasbordo).

 

Un vuelo sin escala París-Santa Marta, New York-Santa Marta, Londres, Madrid, Miami, Houston, Ontario, Buenos Aires o cualquier lugar importante hasta Santa Marta  no es soñar con castillo de papel, es estar al nivel de lo que está ocurriendo en otras partes del mundo.

por: Raffa González Paredes

 

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