Descifrando el código de la mala hora de Santos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El remozado gabinete para el post-conflicto  no logrará sacarlo de la sala de cuidados intensivos, ya que las causas del descontento del país con Santos siguen intactas.  La mala hora durará hasta el final de su mandato porque por elección, Santos decidió apostárselo todo al éxito de las negociaciones con la guerrilla.  Puso el único y solitario huevo en la canasta. 

 

La primera causa de su mala hora fue delegar lo indelegable, lo cual es ser líder.  Optó por atomizar el liderazgo entre sus segundos con resultados lamentables en muchos casos.  En los momentos de crisis, de ningún lado aparece el presidente a liderar, pero es claro que está desconectado de la realidad.  Entonces la opinión pública percibe a un presidente vacilante, que hoy dice una cosa y mañana otra y que constantemente está echando reversa.  Todos aun recordamos la famosa frase con la que desconoció un paro. Da la impresión de que el presidente vive un una burbuja y gobierna a un país imaginario.

La segunda causa ha sido rodearse de supuestos tecnócratas que resultan siendo verdaderos paquetes chilenos.  No es culpa toda de Santos porque muchos de los funcionarios de alto nivel que han sido parte del gobierno Santos, llegaron precedidos de envidiables credenciales académicas y con una trayectoria profesional reconocida.  Sin embargo y por la razón que sea, el gobierno Santos ha evidenciado una verdadera pandemia del principio de Peter Pan.  Los susodichos personajes son promovidos a su nivel de incompetencia haciéndole daño al país y al gobierno.  El presidente ha sido culpable de no actuar rápidamente para tomar correctivos.  En el gabinete aún quedan algunos paquetes.

La tercera causa es el manejo de la economía.  Todos pensamos que Santos sabía de lo que hablaba cuando dejó a Noemí Sanín como un cuero al no saber Noemí que era la enfermedad holandesa.  Ya coronado, se confundió  y pensó que era la francesa porque la economía esta sifilítica por cuenta de los desaciertos. 

Para comenzar, no es entendible el afán de firmar tantos acuerdos comerciales en medio de la enfermedad holandesa.  Esto equivale a querer atravesar un rio infestado de pirañas mientras se está sangrando.  Era claro que un peso revaluado golpeaba seriamente al sector manufacturero colombiano, y que abrirse comercialmente en esas condiciones era suicidio.  Nuestros productos no eran exportables por no ser competitivos, y tampoco eran competitivos en el mercado interno debido a las importaciones  baratas.

El gobierno engolosinado con el dinero de los hidrocarburos, no hizo las inversiones requeridas para lograr que nuestro sector manufacturero fuera estructuralmente mucho más competitivo, es decir, sin depender de coyunturas o manipulaciones cambiarias.  La consecuencia fue que durante el periodo del boom de las materias primas, se cerraron empresas y se perdieron empleos.  Cuando la tendencia revirtió como consecuencia del fin del boom, nos quedamos sin el hacha sin la calabaza y sin la miel, y en esas estamos.

La cuarta causa son los escándalos de diversa índole que han rodeado su gobierno, a pesar de que una de sus banderas de campaña fue la lucha contra la corrupción. Escándalos que van desde la comunidad de los anillos pasando por Reficar e Isagén y terminando con la politización de ciertos organismos para librar una guerra sucia contra la oposición.

La quinta causa es que el país, la gente de a pie, no ve ni vive por ningún lado el país de las maravillas del que tanto habla Santos.  No ayuda que el gobierno insista en que es problema de percepción y que muestre cifras del Dane para demostrarlo.  Por ejemplo, al que está desempleado y angustiado le importa un comino que el desempleo esté bajando.

El gobierno debido a su bajo nivel de aprobación, 25% según una encuesta reciente, está recurriendo a medidas desesperadas.  En mi opinión, la crisis energética reciente y la amenaza de apagón, fue una crisis fabricada para mejorar la imagen de Santos.  Si la crisis hubiera sido real, el apagón se hubiera dado. 

El ardid pretendía mostrar a un Santos líder, manejando la crisis, cortando cabezas y conectado con el país. ¿Habrá funcionado? Lo dudo.  Apagar no pagó y Gutiérrez se largó.

 

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