La prohibición, una política pública a revaluar

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tatiana Dangond Aguancha

Tatiana Dangond Aguancha

Columna: El Faro

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El narcotráfico ha manchado la historia de Colombia una y otra vez, que sufrió las atrocidades de quien fue el más grande de los capos, Pablo Escobar; luego con el Proceso 8000, donde los dineros de la mafia lograron alcanzar la cúspide del gobierno; su alianza con los grupos alzados en armas y un país que era reconocido por la calidad de su cocaína y marihuana.

Tras cien años con la misma política para combatir el consumo de drogas y el narcotráfico, poco se ha logrado. Los consumidores, mayoritariamente estadounidenses no han abandonado la adicción y aquellos monopolios de producción se han divido en pequeñas estructuras de violencia.

Al igual que cómo pasó en Estados Unidos durante la prohibición del alcohol, las medidas han terminado siendo contraproducentes y se han aumentado las redes de la mafia, junto a un mayor índice en el consumo de estas sustancias.

Muchos apoyan la teoría de que legalizar la droga además de ser un hecho poco ético, aumentaría el número de consumidores. No obstante, la nicotina y el alcohol también son sustancias perjudiciales para la salud y aún así no son ilegales. Lo cierto es que mientras exista demanda de psicoactivos, habrá formas legales o ilegales de producción.

Legalizarla es el primer paso a la solución. La vida y la integridad se deben proteger penalmente sólo con respecto a violaciones de terceros, pues de lo contrario estaríamos violando el derecho al libre desarrollo a la personalidad, típico de un Estado totalitario que se cree el dueño de las decisiones de las personas. Lo que nos lleva a eliminar la política criminal que se ha manejado para combatir el tema y plantear una buena política de salud.

Con la legalización, quienes manejarían la producción de estupefacientes ya no serían los narcotraficantes sino los laboratorios, lo que implica que los grupos alzados en armas cuyo sustento es la exportación y venta ilegal de narcóticos, se irán a la quiebra ya que no gozarán del capital que se necesita para sostener una guerra. Por otro lado, se terminaría de raíz la influencia que tienen los "narcos" en la política, quienes patrocinan un sinnúmero de campañas electorales para que sus intereses sean respetados por el gobierno.

Además, el ciclo de corrupción que desencadena el tráfico de drogas disminuiría, lo que sería una gran lección para las aduanas, policías y jueces que se dejan sobornar por enriquecerse.

La intromisión de Estados Unidos en la decisiones de Colombia y en países como México, debe desaparecer y significaría un buen paso para recuperar el pedazo de la autonomía que de cierto modo hemos perdido.

Tanto Estados Unidos como Colombia, tienen que entender que para acabar con la producción hay que acabar con el consumo, y es claro que con la política prohibicionista no van a lograr nada. Con campañas permanentes y un plan de educación, se podrá combatir realmente el narcotráfico.

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