Cambio estructural

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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Hace algunos meses hubiera parecido que la leve normalización de las economías avanzadas iba a aumentar las primas de riesgo de los países en desarrollo. Sin embargo, rápidamente la configuración del riesgo cambió. La FED ha decidido postergar el incremento de tasas, el gobierno de Merkel tuvo un revés en las elecciones locales y no se sabe qué pueda pasar en las elecciones en Estados Unidos. Además, aún no se conocen las consecuencias de las políticas monetarias no convencionales como mantener tasas de interés negativas y el relajamiento cuantitativo.


Las monedas de las economías en desarrollo han vuelto a ganar terreno frente al dólar. Las presiones inflacionarias, provocadas por la rápida revaluación de la moneda americana, podrían empezar a ceder. Colombia he empezado a mostrar signos de estabilidad, la industria tuvo un buen cierre de año, a diferencia de Brasil y Venezuela el país se salvó de un racionamiento de energía y los bonos colocados en dólares fueron bien acogidos por los mercados. Tanto así que la tasa de interés de endeudamiento externo se contrajo levemente. Sin embrago ¿se aprovechó la sequía para dragar los ríos y prevenir desbordamiento para la temporada de lluvias que se avecina?
Ojalá que esta nueva ola de confianza sirva para calibrar el modelo económico del país. Ya vimos lo inestable que puede resultar depender de las materias primas. Los altos precios de los que gozó el petróleo dispararon el gasto gubernamental en vez de incentivar el ahorro. Actualmente, el país atraviesa por un déficit gemelo, fiscal y de cuenta corriente. Los constantes desbalances de nuestro sector externo obligan al país a financiar el déficit con deuda, que a la vez aumenta el gasto fiscal debido a los mayores costos de los intereses. En años pasados el problema no era tan visible debido a la gran liquidez que había en la economía mundial. No obstante, el reciente corte en el presupuesto de $6 billones demuestra que la coyuntura es otra.


La reforma fiscal que se debate actualmente deberá hacer el sistema tributario más moderno y eficaz. La relación entre impuestos a empresas y a personas está desbalanceada, la carga tributaria recae en exceso sobre las primeras. Hay impuestos que desincentivan el ahorro y fomentan las transacciones informales, como los de patrimonio y 4x1.000. Una estructura más amigable para las empresas podría ayudar a fortalecer el aparato productivo y aprovechar el alto precio del dólar.


Aunque la situación haya mejorado, Colombia debe competir con los demás países en desarrollo que atraviesan por el mismo contexto. Entre dichas naciones se encuentran las asiáticas que han logrado consolidar un mejor clima de negocios. Esta competencia podría explicar el largo lapsus de tiempo que les llevó a las exportaciones no tradicionales y a la industria reaccionar frente a la devaluación del peso.


Lastimosamente, los documentos de Panamá satanizarán operaciones necesarias que requieren cierto tipos de negocios por fuera de Colombia. La normatividad financiera del país es obsoleta en algunos frentes y requiere modernizarse. Como por ejemplo, la posibilidad de tener cuentas en dólares. Las Holdings generalmente se crean en paraísos fiscales, estas empresas operan en dólares y su función es atraer capitales foráneos (por ejemplo de Estados Unidos) para luego ser invertidos en empresas en otros países (como Colombia). De no ser por esta práctica, la inversión extranjera en empresas nacionales sería menor.


Los altos impuestos empresariales del país son otro factor que incentiva la evasión. Además, si al gobierno le importara tanto las fortunas escondidas, hubiera reflexionado sobre la inconveniencia del billete de $100 mil y los impuestos a las transacciones financieras. Ojalá los documentos de Panamá sirvan para mostrar los atrasos de nuestra regulación financiera en vez de estigmatizar operaciones necesarias para el desarrollo empresarial nacional.


A manera de conclusión, para aprovechar el mini boom que surgió recientemente, el gobierno deberá ajustarse a la nueva coyuntura económica. Esto se logrará reduciendo el déficit fiscal, que por identidad económica se sabe que está atado al de cuenta corriente, ergo el déficit externo también presentaría una reducción. También, hace falta balancear las cargas tributarias y modernizar el sistema financiero para mejorar la competitividad de nuestro sector productivo.

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