“El matrimonio homosexual… ¿avance o retroceso en la igualdad?...”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Roberto García Páez

Roberto García Páez

Columna: Opinión

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¡Cuán extenso y complejo resulta en los tiempos de vórtice total que vivimos, discurrir acerca del “derecho a la igualdad”!...

 

 

Tanta razón puede tener la comunidad Lgtbi hoy alborozada con un primer pronunciamiento de la Corte Constitucional en favor del matrimonio homosexual so pretexto de su insistente derecho a la igualdad, como también la tienen quienes a él se oponen en pro de la moral, la institución familiar y el bienestar integral de la infancia.

Sería un debate interminable, bien a la luz de la filosofía o de las religiones que preceptúan el comportamiento humano, bien a la de los regímenes jurídicos que norman los deberes y derechos de las personas como miembros de la sociedad.

No ahondemos entonces en la dificultad, relatividad y profundidad de argumentos válidos o inválidos (unos y otros respetables);  quedémonos apenas en el nivel de la gente del común cualesquiera sean su grado de ilustración, sus convicciones y su capacidad de respuesta convincente a una discusión de índole tan densa como dispar.

En tal contexto, reduzcamos lo atañedero a la  legitimidad del matrimonio homosexual, tan solo a confrontar las razones que permitieran,  unas  a  aceptarlo como normal y las que lo censuran por inconveniente.  En favor de las primeras están quienes invocan el derecho a la igualdad como aquel que justifica su legalización por los estados que hasta hoy lo han introducido a sus constituciones (sin importar cuántos ni por qué lo hicieron) de esta “novedosa clase de matrimonio”, realidad para cuya crítica basta simplemente  afirmar que dentro de una lógica elemental equivalente al axioma, la igualdad jamás podrá hallarse en medio de elementos desiguales o darse como conclusión de premisas ilógicas (incongruentes), pues resulta insostenible la irracional tesis de  que así como legítima y legalmente puede casarse un hombre con una mujer, también puedan hacerlo dos hombres o dos mujeres entre sí.  Esta,  amén de una aporía, es una falacia irresistible al más simple análisis desde luego inservible a un juicio de valor verdadero y creíble.

Nótese cómo están en juego indiscutibles raciocinios que son  irreductibles, aún para la hipótesis de utilizarlos en el más elástico ejercicio de epistemología y heurística provocado por tamaña discrepancia, tendiente a solucionar el conflicto que generan sus disimiles ideologías.

Respaldando las de quienes se oponen a tal clase de matrimonio, basta la teoría “iusnaturalista”, que por etimología se fundamenta en el derecho natural,  más aún, en la naturaleza misma; porque a nadie (versado o ignorante…, profano o jurista…, juez constitucional o fanático religioso…, demócrata o totalitario…) le cabe en la cabeza como aceptable y anodina una relación tan evidente y flagrantemente contraria a la naturaleza.  Con el engendro de figura tan exótica, lejos de garantizar igualdad alguna, caemos en una solución “contra natura”… : acatamos, pero no consideramos que por amparar el libre desarrollo de la personalidad o derechos  fundamentales  parecidos ...,   para estar a tono con la “evolución global”  o a la vanguardia de corrientes ideológicas modernas, pueda la Corte Constitucional colombiana pacífica y gratuitamente dar vida jurídica o permitir como realidad situaciones (estados civiles) a toda luz  transgresores de la normalidad, o legitimar con su máxima y funcional autoridad protectora de derechos, comportamientos psicopáticos.

En el anterior orden de ideas, qué decir o no decir respecto de la decisión en mala hora ya adoptada, de permitir que las parejas homosexuales  adopten  hijos (?... ! ...).  Este sí que es un tema no por lo controversial en que lo han convertido los interesados, menos espinoso y lesivo de inocentes niños y niñas cuya autonomía sea influenciada para verse involuntariamente involucrados en “familias que no son familias” , conformadas por “matrimonios que tampoco son matrimonios”, según términos del Procurador General -máximo defensor de la sociedad-. 

En gracia de concluir con algo de congruencia y sentido común el tema cuestionado,  no olvidemos que la igualdad no es medio idóneo para que frente a una divergencia como la generada por el  respetable aunque infundado reclamo de los homosexuales, pueda por ese solo hecho utilizarse para identificar extremos tan esenciales y radicalmente distantes…, tan antagónicos como los que separan a quienes conforman esta antítesis con la que inevitablemente debemos seguir conviviendo.

Es pues inevitable…, deseable…, que cada individuo cualquiera sea su tendencia y convicción, cuando el azar de sus vivencias se lo exija, protagonice la más inteligente y ética conducta…, el comportamiento más racional y respetuoso de la dignidad y el bienestar de los demás, máxime cuando estén niños al medio.

 

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