La ola de la paz

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

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¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida? Albert Einstein.

La coyuntura de la Paz, parecería que hubiera entrado en un pantano, ojalá no sea el de Vargas. La crisis económica, las ventas de bienes públicos, las normas retardatarias; los hostigamientos y atentados contra el movimiento social en todo el país; las tensiones que se percibieron contra la población civil, bajo el supuesto paro armado, que sería el preludio a una marcha, encabezada por un sector de la élite, que antes tuvo poder, y que algunos medios, le dan mayor realce a la marea que se movió, recuerdan turbios pasados de violencia y manipulación, en medio de los cuales, el Gobierno actual, a las carreras, como si fuese una cortina de humo, anuncia la paz completa, con la fase pública de la negociación, con otro actor armado.

Con Colombia como protagonista, se presentan hechos en la geopolítica americana, que reafirman la posibilidad de un cambio en la correlación de fuerzas en la región. En un filo, el avance de las recalcitrantes fuerzas que, con símbolos similares de miedo, segregación y voracidad, desde Tierra del Fuego hasta Alaska, buscan recuperar sus intereses excluyentes, como ya lo hicieron en Argentina. En la otra orilla, las visitas del Papa Francisco y de Barack Obama a Cuba, que permiten observar el anhelo del pueblo cubano en ampliar la democracia en su país, así como la expectativa por los resultados de nuestro proceso de Paz. Lo que lo llevaría a uno a pensar que pasaría si tanto allá como acá, ya no hubiera “cocos” para las grandes transformaciones, en tanto que, si allá cambian las relaciones entre las dos naciones, con respeto por la autodeterminación de los pueblos, y acá se firmara la Paz con las guerrillas, no habría que echarle toda el agua sucia al embargo cubano, ni a las guerrillas en el espiral de nuestra realidad.

Los que hicieron la guerra, no podrían gobernarnos en tiempos de Paz. El país se mantuvo en las espesas aguas del desgreño, la exclusión social y política, la concentración inequitativa de la riqueza, el conflicto armado inhumano, la economía subterránea, la injusticia, la manipulación mediática, la anomía, segregación, discriminación, impunidad y pobreza, en una ecosistema social agobiante en que una minoría llevaba el agua a su molino, con la puerta giratoria en que, para mantener sus privilegios, se distribuirían el poder, como si fuera una herencia, mientras que las mayorías, con el agua al cuello, vivirían de pagar deudas, de la informalidad y de la falta de oportunidades, bajo el sueño arribista de parecerse a una elite de cuello blanco, en un país que osan llamar democrático.

Ahora en la era de la paz que se avecina, se les podría aguar la fiesta. Nadie puede medir los efectos políticos entre la gente trabajadora, de cara a la carrera por el poder, en el contexto del postconflicto y la posibilidad de la reconciliación nacional. Sería como formar una tormenta en un vaso de agua.

Empero, esto no está claro como el agua, puede que todo siga igual, como desearían las élites, y al día siguiente de su suscripción, sea un periódico de ayer, la firma de los acuerdos de Paz, barata y chiquita, con las guerrillas: sin cambios, inversión ni mejores liderazgos; sin reagrupamiento de las fuerzas ni cesiones de poder; sin un nuevo orden normativo e institucional más justo que nos gobierne; y con territorios libres de conflictos y mafias, frescos para la depredación y los big business de esta economía extractivista, que nos corroe.

O puede que contra viento y marea, emerja una nueva ola de esperanza que ojalá sea conducida en su cresta, por una generación de relevo que provenga de una gran convergencia más democrática, y consecuente, que la lleve a evitar convertirse en la efervescencia y espuma de un alka-seltzer que pronto baja su marea, sino que, con voluntad de cambio, vocación de poder y de permanencia, la lleve a un buen puerto de aguas diáfanas, en la que se puedan hacer realidad las profundas transformaciones que unan a esta nación hacia la Paz con justicia social. Es posible que, con la Paz, este país cambie. Pero, de las aguas mansas, líbrame señor; esto depende de que nadie diga de esta agua no beberé y de tanto ir el cántaro al agua, se rompa en la unidad de una multitud de nuevas ciudadanías que anhelen otro país posible.

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