Me amó y se entregó por mí

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Muchas veces nos sentimos solos y abandonados. Las discusiones que podemos tener con las personas que amamos, los fracasos en nuestros proyectos, las respuestas duras de la vida, nos hacen creer que no somos valiosos y que no merecemos nada. Tenemos la sensación de que todo está perdido y que no podemos salir adelante porque no contamos para nadie y no somos importantes.

 

Cuando me siento así me gusta leer Gálatas 2,20: “Y lo que ahora vivo en esta condición humana lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”. Sí, me gusta volver a recordar, con Pablo, que el Hijo de Dios me amó y se entregó a favor mío. No puedo seguir pensando en los que no me aman, ni puedo dejar que aquellos que me rechazaron ocupen gran parte de mi corazón o de mi mente, tengo que pensar en el amor del Hijo de Dios. No se trata de despreciar a las personas que han manifestado su negativa frente a mí, sino a concentrarme en aquel que me amó hasta el extremo.

Eso me hace entender varias cosas:

  1. Que soy valioso, nadie se entrega por alguien que no tiene valor. Ni nadie entrega lo mejor que tiene por algo que no es valioso y si el Padre entregó a su Hijo por mí, es porque soy valioso. Eso implica que me tengo que amar a pesar de todas las reacciones de los que están a mi lado. No puedo dejar que las reacciones y los comportamientos de los demás me hagan creer que no soy valioso. Dios me ha creado muy valioso y así lo tengo que vivir.
  2. Que mi vida tiene sentido, porque su sacrificio en la cruz me mostró el camino que conduce a la felicidad o mejor me hizo tener claro que quien quiera ser feliz tendrá que vivir a la manera de Jesús. Entonces ningún no o desprecio que reciba me va a convencer de que mi vida es una pérdida de tiempo. El sentido de mi vida no está a merced de las respuestas reducidas y mediocres que los otros me den, sino que está sustentado por el infinito amor de Dios.
  3. Vivo cada situación desde mi relación con él. Entiendo que nada es más importante que esa relación y que nada me podrá separar del amor de Dios. No podemos dejar que la vida se realice en lo poco importante y trivial. Es necesario luchar por entender todo desde nuestro ser hijo de Dios. Nos entendemos de su amor y desde esa experiencia actuamos y construimos nuestra existencia diariamente.

No le demos permiso a nadie para que nos haga sentir poca cosa. No dejemos que nadie juegue con nuestra dignidad. Seamos personas que actúan con tranquilidad y serenidad, pero que se esfuerzan por dar lo mejor en cada uno de sus actos. Somos generosos, solidarios y serviciales porque entendemos que el sentido de la vida está conectado con esos valores.

No queremos ser mejores que nadie, pero trataremos de construir relaciones de equidad y justicia. Hay que salir delante de cada adversidad y esforzarnos por no quedarnos atrapados en las dificultades que la vida trae. Siente que el amor de Dios te impulsa y te lleva para que sepas vivir a plenitud la vida. Te bendigo y te deseo lo mejor.

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