Nuevo equipo para santa marta

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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

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Y un partido de fútbol/ que tres a dos terminaba. Los buenos tiempos. Carlos Vives.

 

La capital del futbol colombiano, por donde los mitos fundacionales indican que trajeron los marineros ingleses el deporte a Colombia; buenos tiempos, como relata la canción de Carlos Vives, cuando jugarían picaditos con los estibadores y demás trabajadores del Puerto de Santa Marta. Comarca cuna de leyendas del fútbol como las dinastías de los Arango, los Valderrama, los Vilarete; de grandes como Retat, el Pitufo De Ávila, Gamero, Falcao, entre otros. Por algo, dicen que toda Selección Colombia, tiene su columna vertebral en la técnica, liderazgo y talento de jugadores de estas tierras. 

Recuerdo, como si fuera ayer, a mi difunto abuelo José Abraham Sánchez,

exdirigente deportivo, pegado a la radio, escuchando los partidos del Unión Magdalena en su época de gloria o llevándonos sin falta al Eduardo Santos, cuando casi logramos la segunda estrella, con el mito de que habría sido así, si no se cancelara el campeonato profesional en 1989, por la tragedia de la muerte violenta, aún impune, del árbitro costeño Álvaro Ortega en Medellín, antes de pitar un partido clave entre los diablos rojos y el poderoso de la montaña, en medio de un conato de escándalo por supuestos malos manejos, apuestas, mafia, corrupción, en fin, algo similar a lo que ocurrió después del pasado mundial, cuando era gol de Yépez, que desenlazaría con la dimisión de los directivos de la Fifa.

¿Qué pasó con el Ciclón Bananero? A pesar de ser un equipo con historia en el futbol colombiano, lleva más de una década en la segunda división, como el judío errante, sin al parecer un estadio estable, donde jugar cada temporada; decepción tras decepción, manejos administrativos ineficaces, rotación de jugadores y cuerpos técnicos que cambian de un plumazo, como si fueran ropa interior; falta de berraquera para enfrentar los partidos decisivos, en fin, todo un coctel que explicaría sus constantes derrotas.

El problema y la solución en el caso del Unión Magdalena, se centra en que, como todos los clubes colombianos, tiene dueños. En este caso un mayor accionista que, acudiendo a mover la nostalgia frente a una herencia familiar, ha manifestado que se niega a democratizar la parte que les corresponde o, lo que es peor, si consintiera hacerlo, con las marañas estatutarias para vender las acciones de un equipo, sería casi imposible conseguirlo. El fútbol, a pesar de utilizar bajo arrendamientos o concesiones, bienes públicos como los estadios, es un negocio privado que, como tal, representa los intereses de particulares. Contra eso nada se puede hacer en un país donde la autonomía de la voluntad privada se reconoce y se respeta.

Además, no solo se remitiría el quid a este asunto, sino a las dificultades que conllevaron a la intervención de una parte de sus acciones y a los privilegios con que cuenta el equipo por ser socio fundador de la Federación, frente a, por ejemplo, la redistribución de las utilidades de la misma, que representa que en cada vigencia pueda participar como si estuviera activo en la Primera División. ¿Quo vadis Unión Magdalena? No sabemos. Nos importa para el Magdalena, para el fútbol nacional, para las nostalgias de una hinchada fiel que ya trasciende a nuestro departamento. Pero, la ciudadanía samaria no aguanta seguir tras el vaivén de sus complejos problemas y de lo que parecería, falta de interés en solucionarlos.

El fútbol es un fenómeno pasional nacional. Es bien percibido que une a la ciudadanía en este país. Por esto, desde esta tribuna, así como algunos otros líderes de opinión, personalidades, exjugadores, periodistas, lo han manifestado, se considera que es clave  que haya un nuevo equipo de fútbol para todas y todos los samarios,  con participación accionaria democrática y plural; con escogencia participativa de su nombre y símbolos; que se nutra de su propia cantera, y después de los trámites y avales pertinentes para conformarlo, se funde con un campeonato distrital para escoger a sus jugadores en canchas como las de La Castellana y la del Parque de La Equidad. Señor Alcalde, es clave que las instituciones, gremios, academia, periodistas y glorias samarias del fútbol, integren el respectivo comité impulsor del nuevo equipo, que seguro estrenará nuevo estadio. Piénselo, esto sería un propósito y tema de ciudad, que cohesionaría a la gente samaria a ponerse la camiseta por el cambio en La Perla del Caribe.

 

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