Yo me voy pa La Habana y no vuelvo más

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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El descongelamiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba genera pasiones desbordadas entre los exiliados cubanos.  Unos opinan que el bloqueo debe continuar y que Obama está cediendo mucho a cambio de nada. 

Exigen que primero vuelva la democracia y se libere a los presos políticos.  En fin, exigen una revolución política y económica antes de hacer concesiones.

Los otros, piensan que el fin del bloqueo es el comienzo de las transformaciones en Cuba, y que con el comercio y la diplomacia se puede lograr lo que el bloqueo no pudo.  Dice Obama, y los que lo apoyan, que el bloqueo no funcionó; yo opino que sí.

Se les olvida que en plena Guerra Fría, los soviéticos querían instalar ojivas nucleares en Cuba, lo cual dio comienzo a la crisis de 1962 cuando el mundo entero estuvo a punto de ser destruido.  A raíz de ese evento se da el bloqueo, el cual impidió que Cuba y el comunismo se convirtieran en una amenaza para los Estados Unidos.  No quiero imaginar lo que hubiera sucedido en el continente si los soviéticos hubieran logrado instalar sus misiles con ojivas nucleares en Cuba.  El mundo hoy sería distinto.

No es que el bloqueo fracasara sino que el colapso de la difunta Unión Soviética y el afianzamiento del poderío militar y económico de los Estados Unidos lo hacen innecesario.  Era una medida transitoria y no permanente, y por esto hay que abandonarlo.  Neutralizada la amenaza militar, el resto puede lograrse por medio de la diplomacia y el comercio.

Aquellos exilados cubanos que tienen heridas profundas son los que quieren que todo cambie antes que Cuba reciba algo.  Siguen anclados en el pasado y no dejan morir sus odios.

La política exterior de Obama ha sido un rotundo fracaso, y quizás el reinicio de las relaciones con Cuba sea lo único para mostrar.  De hecho es algo más simbólico que real porque la verdad es que Cuba no tiene ningún peso económico en el mundo.  Es una economía marginal.  Irónicamente, lo único que tiene para venderse, es estar cerca de los Estados Unidos.  Para los mamertos nostálgicos, Cuba es un símbolo de lucha; para los que no comemos cuento, es un símbolo de opresión y una vergüenza para la civilización.

 

A pesar de todas las objeciones que se le puedan hacer al modelo cubano, los cambios no pueden ser abruptos.  El cambio tiene que hacerse de forma pausada para no crear traumatismos que llevarían a la sociedad cubana al caos total. 

El que nunca ha conocido la libertad, cuando se la dan de repente no sabe qué hacer con ella, y la angustia que le genera el tenerla es insoportable y es peor que la opresión.   Esto lo observamos en los pájaros que han estado enjaulados por mucho tiempo, cuando se les suelta, vuelven a la jaula.  Otro tanto sucede con las personas que han estado en cárceles por largos años y cuando los sueltan, sin un proceso previo de readaptación, terminan delinquiendo porque quieren volver a la cárcel.  No toleran vivir en la sociedad.  Esto también sucede a los pueblos, y es el caso de Cuba.  Abrazar la democracia y el capitalismo, sería una catástrofe.

Hacia futuro, Cuba representa una oportunidad interesante, porque es una sociedad tan atrasada, que podría convertirse en un modelo de desarrollo apalancado en tecnologías verdes.  Cuba podría ser utilizada como prototipo para experimentar en la construcción de las sociedades del futuro, en donde el desarrollo eco-sostenible sea una realidad y no una aspiración. Una utopía hecha realidad.

Por otro lado, aunque el estrechón de manos entre Obama y Castro llega en buen momento.  Se respira un nuevo aire en la región, y pone en ridículo a los gobiernos agonizantes de izquierda que todavía existen en América Latina.  El estatismo fracasó y hay que rendirse ante la evidencia.

 

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