“Pensamientos sabios y actitudes útiles para vivir tranquilos” (¡Nunca dejemos de escribir!).

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Roberto García Páez

Roberto García Páez

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Si permitimos que pasen muchos días sin examinarnos interiormente, nos percatamos de una inminente necesidad existencial por compartir con nuestros semejantes mediante el escrito, los sentimientos, las experiencias vividas, lo que hemos aprendido… Es entonces cuando descubrimos que todo ser inteligente  -o racional-  necesita dar a conocer  su  intimidad para sentir que vive, y que todos llevamos innato el instinto o vocación social… el designio… de ser útiles a la humanidad.

 

Con la anterior introducción coincide la reflexión de alguien, quien pensando en el destino filantrópico del hombre escribió: “Tengo la fortuna de apreciar y dimensionar lo que me rodea y vivo en armonía con lo que soy capaz de generar por medio de mi trabajo diario”.

Trabajemos hoy entonces en torno a máximas de vida escritas por pensadores sabios que nunca perderán vigencia ni persuasión didáctica, para que si de ejercitar la mente  y  el espíritu se trata, no  nos  cohibamos al citarlas…

Escritor invitado a esta columna: el literato portugués, José Saramago, de quien emociona transcribir su bella definición de hijos como “Los  seres que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo  de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos,… de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos, y de nosotros…, aprender a tener coraje, pues ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor…, principalmente a la incertidumbre de estar actuando correctamente y a la vez al miedo de perder algo tan amado;…  ¿perder... cómo..., si los hijos no son nuestros?..., son apenas un préstamo,… el más preciado y maravilloso de los préstamos , ya que son nuestros solo mientras no pueden valerse por sí mismos,… luego le pertenecen a la vida… al destino y a sus propias familias. Por eso,… Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

¡Bella descripción esta, confirmatoria de una gratificante realidad para quienes sobrevivimos merced  a  nuestra sublimadora condición de padres!, y hermosas y pragmáticas conclusiones y juegos de palabras del mismo autor como los evocados a renglón seguido, aplicables a toda persona, en todo tiempo, lugar  y  circunstancias:

“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”…

“La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”…

“Todo el mundo dice que hay que hacer ejercicio por ser bueno para la salud, pero nunca le dicen a un deportista que debe leer”… 

“Ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe”…

“Solo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas, llegaremos a comprender las grandes”…

“En verdad está por nacer el primer humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo”.

Hermosos y éticos paradigmas de comportamiento cuya claridad realza su sabiduría en estas épocas de oscurantismo, de desdeño y deterioro de los valores morales y el “deber ser”, a los que a modo de epílogo cabe adicionar el anecdótico pronunciamiento del premio nobel cuando le preguntaron: “¿Cómo los hombres pueden ser buenos sin Dios?..., cuestión a la cual con  agilidad mental, con vasta versación, con axiomático y respetuoso simplismo y con la pedagógica habilidad que lo caracterizaron, respondió él con otra pregunta :

¿Y cómo los hombres pueden ser malos con Dios ?...

Interminables son las paráfrasis con las cuales podríamos enriquecer esta y muchas páginas más, e insuficientes las palabras que aquí nos limitan el espacio permitido; bástenos entonces dejar en el lector  un  nombre tan insigne  y  la remisión  a  tantas obras valiosas como las de nuestro  laureado escritor invitado, todas tan útiles al culto pasatiempo de leer con el doble propósito de aprender y deleitarnos.     

 

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