Imperio en trizas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

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La corrupción es un mal endémico en América Latina, la cual no respeta ideologías, ni credos, ni gobiernos. Según la ONG Transparencia Internacional (TI), Venezuela, Paraguay, Nicaragua, Honduras, Argentina, Bolivia y Colombia registran los más altos índices, en tanto que Uruguay y Chile, resultan los menos afectados por el fenómeno, que hunde sus raíces en la historia misma de los países de la región.

Corrupción que inveteradamente se asocia al poder político de los gobiernos locales. Casos recientes como el de la red de asalto al fisco por altos funcionarios del gobierno guatemalteco, cercanos a mafias del narcotráfico,-- que cambiaron su condición de tránsito, por el de generadores del negocio dentro de las fronteras --, el de Panamá, con el desvío de recursos destinado a solventar necesidades de grupos vulnerables hacia majestuosas obras de infraestructura y hacia los bolsillos de los funcionarios, lo que confinó al expresidente Ricardo Martinelli a la cárcel; el de Méjico que involucra a la esposa del primer mandatario con gastos personales suntuosos provenientes de dineros de los contribuyentes, el de Chile, que compromete al hijo de la Presidenta, con el uso fraudulento de información privilegiada para acceder a negocios multimillonarios, o el del carrusel de la contratación en Colombia ( “Hampones de cuello blanco “, dijo el juez al argumentar la sentencia de condena), son apenas algunos casos que se suman a la cadena perversa de delitos generados en las altas esferas del poder. El actual escándalo de Brasil estremece el entramado político, y amenaza con volver trizas la sólida compañía de construcción Odebrecht, con locales en 27 países y más de 168.000 empleados, acusada de pagar 30 millones de dólares por sobornos a altos ejecutivos de Petrobras, entre ellos al popular expresidente Lula da Silva, llamado por la justicia de su país, para que explique la procedencia de 8 millones de dólares recibidos como pagos por sus conferencias y donaciones a su ONG. El affaire ya ha cobrado 62 personas enjuiciadas por participar en la trama para conseguir contratos fraudulentos con la petrolera estatal Petrobras, en cabeza de Marcelo Odebrecht, condenado a 19 años de prisión. Pero además, como lo arrojan las investigaciones, en cabeza de la operación Lava jato (“Lava autos”), la cuestionada compañía subvencionó con 2,1 millones de dólares a la social democracia, partido adversario al de la mandataria, enfrentada hoy a la posibilidad de un Impeachment, que eventualmente podría conducir a su destitución, pedida incluso por altos dignatarios de su propio partido, el de los trabajadores. Con síntomas de una grave recesión económica, con un dólar sobrevaluado en un 22% frente al Real y con un índice de inflación de 7.7 %, el más alto en una década, el gigante suramericano es otro ejemplo de los desastrosos efectos que se producen cuando se conciertan los negocios y la política, en punible ayuntamiento. El gen loco de la corrupción sigue recorriendo las arterias del organismo latinoamericano, sin remedio aparente.

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