La política del amor Vs el caos

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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

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"Primero se debilita la ideología, crea el desastre, y luego éste es utilizado como excusa para terminar la tarea, para privatizarlo todo". Naomi Klein.

 

Con los hechos ocurridos esta semana, en la que grupos de presión en la ciudad de Bogotá le midieron el aceite al nuevo mandatario distrital sobre su gestión pública en materia de movilidad, a uno le quedan muchas dudas sobre la respuesta técnica y política de la actual administración.

En esa medida, no  sólo fueron los pronunciamientos del Distrito que, en real sentido, no fueron propositivas hacia la solución definitiva a la actual situación de la movilidad en la ciudad, sino que, más allá de esto, pareciera sus respuestas, tienden a confundir, a llevar al caos, o condujeran a anticipar una crisis, para después justificar los recortes presupuestales que se orientarían al desequilibrado sistema Transmilenio o a establecer unas falsas prioridades, en las que el cemento prime sobre los derechos sociales de las clases trabajadoras. Como bien lo dijo George Orwell en 1984, en la cita de Klein de Doctrina del Shock: "Os exprimiremos hasta la saciedad, y luego os llenaremos con nuestra propia esencia."

La gente salió a las calles, algunos con la idea de opinar, de pronunciarse, de deliberar, de movilizarse, de protestar en el espacio público, de pedir garantías y otros,  transgredieron los principios propios de la política del amor, de una ciudadanía indignada,  multicolor, que protesta pacíficamente, para cometer actos que sobrepasan los linderos de lo socialmente tolerable. Sin embargo, no por ello, se puede argumentar que su resistencia social se debe a presiones de grupos políticos. Hágame el favor, más bien respétenlos, no son ciudadanos a control remoto, sino quizás responden a que el actual sistema corporativista de BRT (Bus de Tránsito Rápido), llámese Transmilenio, colapsó como única solución a la movilidad en Bogotá, por lo que se requiere saltar a un modelo multimodal, masivo y público, de transporte, como el que se proponía en Bogotá Humana y en los sucesivos gobiernos alternativos en la capital, adaptando la ciudad a los efectos del cambio climático y que se avanzó con los estudios de ingeniería de detalle del Metro pesado subterráneo, los cables aéreos, los bicicarriles, el tranvía y las políticas públicas de desestimulo al uso del vehículo particular, integrado con los buses. 

La clase trabajadora indignada sale a las calles a reclamar una solución integral a la movilidad en Bogotá ?promesa de campaña del actual alcalde, y por el que recibió un mandato popular?. Solución que claman se base en el bienestar de las mayorías y no en "todos salimos ganando", en este caso, en la lógica del capitalismo del desastre, unos ganando más que otros, y al final de cuentas, lo que recibe la multitud, como respuesta, son, por un lado un tremendo espejo retrovisor, en el que hasta a través de un medio masivo se señalan con falsas imputaciones a movimientos políticos y a algunos de sus líderes que mellan en la credibilidad, veracidad y equilibrio informativo de un medio de comunicación, y por el otro costado, en vez de diálogo, análisis, propuestas y concertación, una desmedida represión contra las y los manifestantes. 

Lo único que queda claro, es que ojalá no se le salga de las manos la ciudad del Siglo XXI al actual alcalde, que podría desbordarse de los esquemas mentales de la Bogotá de 1998, cuando la gobernó. Son 12 años de empoderamiento, de construir una nueva sociedad civil organizada que participe, incida y decida sobre las reales necesidades de la ciudad y sea consciente de que son sujetos de derecho y actores políticos que reivindican sus derechos y garantías ciudadanas.

Ellas y ellos, las nuevas ciudadanías de a pie, saben que si se democratiza el transporte público masivo en Bogotá, es decir, se hace eficiente, más transparente, eficaz y equitativo para todas y todos, nuestros estudiantes, hijos e hijas, personas mayores, personas con discapacidad, habitantes de calle, víctimas y demás poblaciones, podrán movilizarse en la ciudad con calidad, velocidad, economía y dignidad.

Es fundamental, que el actual alcalde, y sus acólitos en otros espacios, en vez de estar buscando culpables en la anterior administración, vayan a las condiciones equivalentes que lo llevarían al contexto de la época cuando se confeccionó el gran negocio de Transmilenio. Es allí donde debería buscar las respuestas a sus inquietudes sobre movilidad, como burgomaestre de todas y todos los bogotanos. Alcalde asuma su responsabilidad como gobernante y empiece a resolver, uno a la vez, los problemas que en un cargo de tal magnitud, se presentan a diario.

Por Ricardo Villa Sánchez
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@ciudadcaotica

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