Para superar el estrés de los educadores.

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Benjamín Herrera Palomino

Benjamín Herrera Palomino

Columna: El Obelisco

e-mail: benherrerapalomino@gmail.com

"La educación hace a la gente fácil de dirigir pero difícil de manipular, fácil de gobernar pero imposible de esclavizar" Churchil.

 Me es gratísimo cuarenta y cinco  años después de haberme iniciado como columnista de El Informador, referirme a temas relacionados con la pedagogía. Afirmo, con otros teóricos de las Ciencias Humanas, que la educación nos conduce a la felicidad o desgraciadamente, al sufrimiento, a las úlceras gástricas, a la neurosis o, desdichadamente, al suicidio. Me dio inenarrable dolor haber tenido que renunciar, forzosamente, a mi cargo docente de psicorientador educativo.

Me daba pesar escuchar a colegas que enseñar había perdido su encanto, con unos estudiantes flojos, inapetentes cognitivos, indisciplinados; me preguntaban cuál era la fórmula para obtener alta producción académica y disciplinaria, recordándoles, con toda la amabilidad, que habían olvidado los principios importantes del quehacer pedagógico, y en la cotidianidad, de las personas exitosas: el afecto: ver y sentir a nuestros educandos como nuestros hijos o nietos, transmitiéndoles calor humano, que derrite todo recelo; el segundo principio: "El diálogo horizontal", de corazón a corazón, para conseguir delicioso flujo de información, gozosa, mutuamente; el tercer principio: "Se aprende haciendo"; entonces, preparar guías de estudio muy analíticas, luego, ser comentadas, debatidas; el cuarto principio; "El método": "Si quieres enseñar algo a alguien, hazlo como te gustaría lo hiciesen contigo", como lo recomienda "El Conde de Lucanor", del Infante Juan Manuel; el quinto: "El aprendizaje significativo", el aprendizaje que le dice algo al educando, qué valor tiene aprenderlo; conectar los conocimientos previos del educando con el nuevo saber, de manera que lo encuentre importante, provechoso; el sexto: "No dejar tareas"; que maravilloso es enseñar hoy: "A ver niños, jovencitos, saquen sus tabletas, sus celulares inteligentes, sus portátiles" y busquen por internet cuáles obras escribió Aristóteles, cuáles son sus argumentos; cuáles son las partes de la planta, cómo es el cerebro humano, etc; ahora, una mesa redonda para que cada quien explique al grupo qué entendió, con qué no está de acuerdo; el séptimo: "La autoevaluación"; nada de llevar a casa montañas de previas para calificar, precioso tiempo que podemos aprovechar para profundizar nuestras competencias pedagógicas, didácticas, cognitivas, científicas, relevando a las madres de familia de esa actividad de forzar al hijo a estudiar, a hacer la tarea, siendo ella la que finalmente la hace; ese principio, al parecer ingenuo, no es tal; la sabiduría popular lo acuñó con la máxima de que "Al ladrón se le entregan las llaves"; como se aprecia, las nuevas tecnologías de la información no son nuestras enemigas sino nuestras aliadas en el arte de enseñar, abandonado esa necia trinchera de que: "A mi la tecnología me atropella"; nuestros educandos no son nuestros enemigos, en plan de vivir mortificándonos diariamente; ellos tienen mucho que enseñarnos; ahora, liberados de corregir cuadernos, no le tengamos miedo a la educación  virtual, atendiendo a través del chat las consultas de nuestros discentes; principio octavo: "La gratificación"; "…cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa", San Mateo, 10-42; aquí está la falla: no sabemos gratificarnos ni gratificar a nuestros educandos, lo que lograremos reestudiando Filosofía de la Educación, que nos enseña que la labor de educador es bella, gratificante, trascendente: formarle a Colombia los hombres comprometidos a contribuir a su grandeza, a su prosperidad; sin maestros, la sociedad empieza a dejar de existir pero, y la recompensa del educando? Según este mismo principio, el del placer, hacemos todo lo que nos produce placer y evitamos lo que nos produce dolor, aburrimiento; se aprecia que sin este bello principio, nuestros educandos languidecen, sufren de microsueño, por Dios, por el planeta entero, no profesores soporíferos, anestésicos, no; la fórmula es: "entusiasmo", pasión y, por reflejo, estudiantes entusiastas, con ganas de aprender pues, aprenden placenteramente, y quienes los educan, también lo hacen de la misma manera placentera, apasionadamente y, cataplúm, el proceso de enseñanza o aprendizaje, al instante recobra su reluciente brillo. Noveno principio: "La motivación"; es un aspecto crítico que influye en el comportamiento de los estudiantes. Décimo: "Práctica y retroalimentación"; "Dosificación" Apostilla. Sientes placer enseñando? Sientes placer aprendiendo?

Benjamín Herrera Palomino
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