Yo tengo un sueño

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alejandro Arias Cañón

Alejandro Arias Cañón

Columna: Punto de Encuentro

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Yo tengo un sueño (I have a dream) es el nombre popular del discurso más famoso de Martin Luther King Jr., cuando habló poderosa y elocuentemente de su deseo de un futuro en el cual la gente de tez negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y como iguales.

Este discurso, pronunciado el 28 de agosto de 1963 desde las escalinatas del monumento a Lincoln durante la marcha en Washington por el trabajo y la libertad, fue un momento definitorio en el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos.

Precisó en su discurso, Luther King: estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Martin Luther King con este discurso sembró una inimaginable semilla de fe en los muchos hombres y mujeres de raza negra en su patria, con este discurso Luther King abrió los caminos insospechados en pos de la libertad y la igualdad de los negros en Norte América. Hoy los niños negros nacen libres y con derechos en los Estados Unidos, hoy incluso un negro rige los destinos de todos los estadounidenses (negros y blancos).

Es hora, que en Santa Marta recuperemos el derecho a tener y cumplir nuestros sueños, es hora que todos los samarios volvamos a tener el control de nuestra dignidad.

A lo largo de estos muchos años, los violentos de uno y otro bando nos sometieron; luego con ellos, las clases dirigentes tradicionales hicieron de nuestros derechos una mercancía electoral. Y de esa forma, poco a poco, nos arrodillaron, nos controlaron y nos negaron el derecho incluso a disponer de nuestras vidas.

Ya por miedo, ya por ignorancia o ya por cobardía. . . dejamos que estos desalmados seres postraran nuestro ser. Desde nuestros abuelos, nuestros padres y ahora en nuestra generación dejamos que nos quitaran todas las posibilidades de aún creer tener un mañana mejor.

Hoy, una muestra de ese sometimiento es ver a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestros hermanos samarios viviendo pasivos como verdaderas ratas. Hoy hemos llegado al límite de la postración, al ver y vivir la ignominiosa y humillante condición de nuestros hijos tener que compartir, a pesar de nuestros esfuerzos, a pesar de nuestros mejores deseos, sus vidas en medio del barro, en medio de las aguas de alcantarillas, a estudiar en escuelas miserables, sucias y desarmadas y todo porque la plata para el desarrollo de los pobres se volvió un rentable negocio. 

Hoy tenemos que ver morir a nuestros hijos ya no solo por obra del humillante paseo de la muerte, sino por la oprobiosa circunstancia de ni siquiera tener derecho a la libertad. Libertad de andar, libertad para jugar, libertad para pensar, libertad para estudiar, libertad para disfrutar de la tecnología fruto del amor del esfuerzo de sus padres.

Como si animales fuéramos, ya no solo enterramos a nuestros hijos por fuerza de las balas asesinas. Sino que con hipócrita actitud entonces piensan una vez muertos ofrecer recompensas, con maldita sevicia hacen rueda de prensa para lamentar y mostrar retratos hablados. Cuando apenas hizo dos meses ese mismo hipócrita ordenó hundir la única propuesta seria tendiente a construir Seguridad Ciudadana.

Por física mezquindad el Alcalde de Santa Marta, hace dos meses, le negó el sueño al concejal Peralta de ver su ciudad cercana a la libertad.

Hoy yo tengo un sueño, sueño con el día histórico en el que los samarios comprometamos toda nuestra entereza, el día en que los samarios con gallarda valentía recuperemos el derecho a tener un sueño. Un sueño en el que como padres no enterremos a nuestros hijos, un sueño en el que a lo largo y ancho de nuestra ciudad la vida del hombre, la de su familia y la de su descendencia sea importante y dignificada de la misma forma como Luther King soñó la suerte de los negros en los Estados Unidos de Norte América.

Hoy sueño, con que los samarios no sigamos arrodillados y pasivos ante el escupitajo diario de un gobierno que se asquea y que desprecia a su propia gente. Hoy yo tengo un sueño, sueño con que desde este momento cada uno de nosotros haga lo que su conciencia le dicta, no importan las amenazas, no importan los peligros, no importan los riesgos, no importa cuán caro puede resultar defender nuestro sueño de ofrecerle una ciudad mejor a nuestros hijos.

Yo hoy lo invito a usted, a luchar conmigo por sus sueños. Lo invito a que juntos soñemos una ciudad mejor. Una ciudad en la que volvamos a ser felices, en la que la vida del samario cuente, en la que sus necesidades no sean más que livianas preocupaciones, una ciudad en la que los padres no tengamos que enterrar a nuestros hijos, una ciudad en la que nuestros hijos puedan ser libres y seguros, soñar.