Isagén: Preguntas sin respuestas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Juan Galán Pachón

Juan Galán Pachón

Columna: Opinión

e-mail: prensa@juanmanuelgalan.com

Frente a la venta de Isagen surgen nuevas preguntas. De un lado quienes están a favor, hablan de la energía como un recurso económico cuya venta, traerá impactos positivos a largo plazo en materia de desarrollo y competitividad. En la orilla contraria, encontramos argumentos que ven en la empresa de energía, un recurso estratégico de seguridad nacional y un elemento de soberanía que podría ponerse en riesgo.

 

Con más detalle, el Gobierno Nacional dijo que necesitaba vender su participación accionaria en Isagen para conseguir recursos y financiar la construcción de nuevas y modernas vías. Dicho de otra manera, para entregar el aporte necesario a las asociaciones que estarán a cargo de las concesiones viales de cuarta generación. En esta línea, se argumenta que invertir los recursos públicos en infraestructura vial más que en Isagen, lograría un retorno más alto de la inversión y un impacto directo, en el aumento del comercio exterior y del turismo en Colombia.

En el otro extremo nos encontramos con sindicatos, expertos en la materia, políticos y organismos de control, que han dicho que Isagen es un recurso estratégico de seguridad nacional, que de subastarse pondría en riesgo la soberanía energética del país. La venta según ellos creará una situación de incertidumbre frente a los precios del servicio, la cobertura nacional, el control de mercado y la oferta nacional.

Lo cierto es que con o sin vías de última generación, o cambios en las tarifas a mediano plazo, el resultado directo de la venta de Isagen será un déficit de utilidades netas cercanas a los 437.000 millones de pesos anuales (de acuerdo con lo reportado en el 2014). Por esta razón, es necesario cambiar las preguntas que hacemos por otras que nos muestren por ejemplo, ¿Cómo será la regulación del mercado de la energía sin la participación accionaria del Estado? ¿Quién responderá por la cobertura del servicio en áreas rurales poco rentables? y ¿Se mantendrán los recursos destinados a la búsqueda de formas alternativas de energía, que se están desarrollando?

Si el Gobierno Nacional deja de ser actor dentro del mercado energético; la pregunta clave es ¿A qué costo vamos a hacerlo? Por eso, las nuevas preguntas deben ser respondidas para saber cómo aseguramos la estabilidad de tarifas para el usuario, la cobertura rural y la calidad en la prestación del servicio. Que la venta beneficie a todos, no a unos pocos.

 

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