El año de los inocentes

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Escrito por:

Sebastián Herrera Aranguren

Sebastián Herrera Aranguren

Columna: Opinión

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Colombia es un país tan irónico, que en su historia hemos visto cómo la fecha conmemorativa del 'Día de los Santos Inocentes' se ha alargado durante años enteros, en los que pareciera que cada noticia o anuncio gubernamental fuera una broma, un engaño, una 'inocentada'.

 

El 2016 que acaba de empezar, parece que nos va a traer 366 días de sucesos que casi superan la realidad para entrar al mundo de la fantasía, allí donde supuestamente no rigen las normas de la razón. Sin embargo, lo que para las mayorías es inconcebible e irracional, para la clase política es perfectamente conveniente y justo: es obvio, cuando es ella artífice de tales 'inocentadas' para el país. La primera 'inocentada' va por cuenta de la energía. Parece ser la más grande y descarada. La sequía y el peligro inminente de un racionamiento de electricidad en todo el país, han dejado al descubierto las patrañas y negligencias de los consecutivos gobiernos. No hay agua ni gas para enfrentar este peligro. Así lo afirmó Juan Gossaín en un excelente artículo para El Tiempo.

En este, expresa que el riesgo del racionamiento no es culpa exclusivamente de la naturaleza y 'El Niño', sino de los sucesivos errores y trampas gubernamentales: haberle vendido toda nuestra reserva de gas a Venezuela, desde 2007 cuando se inauguró el gasoducto en Ballenas, en vez de almacenarla para no sólo depender del agua; haberse robado o 'refundido' el recaudo de dieciocho billones de pesos que desde 2006 los usuarios empezaron a pagar en su recibo de energía, como un recargo que supuestamente era 'por confiabilidad' para evitar un futuro apagón como el de 1992; haber construido plantas de gas para ahora tenerlas sin combustible, porque lo vendieron todo, jurando que en Colombia siempre llovería. Como siempre, la mayor 'inocentada' la pagan los ciudadanos, pues el Ministerio de Minas y Energía decretó desde diciembre pasado una nueva alza de tarifas que durará por lo menos tres años, es decir, nunca más bajará.

La 'ñapa' de la 'inocentada' energética es el actual tema de la venta de Isagen. Vender la 'gallina de los huevos de oro' a precio de menudencias. Una empresa que genera el 20 % del total de energía para el país y que posee 23.000 hectáreas de bosque. El ministro de Hacienda, en tono obsesivo y obstinado, dice que la venta de la empresa va porque va, a pesar de tantas inconsistencias y advertencias de diversos sectores. Por ejemplo, la subasta ya no es subasta, pues una de las dos empresas participantes se retiró. Sin Colbún, la compañía canadiense Brookfield, que entre otras cosas está investigada en Brasil por sobornos, no tendrá que esforzarse por subir el precio ofertado para la compra, que se calcula en 6, 48 billones de pesos.

Un verdadero regalazo de 'Reyes Magos'. Se argumenta que la venta de Isagen es imprescindible para la construcción de las vías de cuarta generación, como si no nos debieran la modernización desde hace décadas y como si no nos fueran a cobrar igual tal construcción con peajes. 'Inocentadas' y más 'inocentadas'.

Para no extenderme más, la siguiente 'inocentada' es dos por uno. Se trata del inminente aumento en el IVA y la declaración de renta, aunada al pírrico aumento del salario mínimo.

El aumento del IVA, del 16 al 18 o 19 %, pondría los elementos básicos de la canasta familiar por las nubes, lo que haría que en realidad el salario mínimo disminuyera con respecto a lo que se puede adquirir con él. Una 'inocentada' que nos han hecho por años en este país. La 'ñapa' aquí, es que encima de eso, se pretende ampliar la base gravable: quienes reciben ingresos brutos anuales superiores a 39 millones de pesos (3 millones mensuales) deben declarar renta; con la reforma, quienes ganen más de 20 millones de pesos (1,5 millones, poco más de dos salarios mínimos) deberán hacerlo ahora.

En este país de 'santos inocentes', la fecha del 28 de diciembre parece prolongarse por años enteros y 2016 no será la excepción. Hasta ahora comienza y veremos aparecer en pantalla, personalidades políticas con desfachatez y cinismo hacer anuncios que parecen no pertenecer a la realidad sino a la ficción. Si no aterrizamos ni los obligamos a aterrizar manifestándonos con dignidad, seguiremos siendo masacrados como lo hizo Herodes con los recién nacidos, con una diferencia: que nosotros ya tenemos capacidad de raciocinio y habla.

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