Mujeres promisorias

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Francisco Galvis Ramos

Francisco Galvis Ramos

Columna: Contrapunto

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Como hombre de leyes que soy, comienzo por lamentar que cierto  presunto abogado mediante un correo anónimo haya osado vulnerar mi derecho humano de opinar, en lugar de argumentar en contra de mi anterior artículo <<Democracia secuestrada>>. Solo tengo para él, como respuesta, la categórica frase de Voltaire: <<No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo>>.

 

En Antioquia prestaron juramento como Diputados y Concejales los ciudadanos ungidos en las urnas, los más con probado esfuerzo y gastos sin cuenta y el resto con credenciales de favor y escasa inversión, los más con sobrados méritos y el resto por aquello que llaman arte de birlibiloque. ¡Para qué mencionarlos por su nombres si cada quién se podrá tentar para saber dónde se encuentra!

Sin necesidad de la lupa del Monte Palomar, entre repitentes y novicios descuellan dos damas llamadas, de lejos, a tener mucho oficio en la vida pública en los años venideros. Se trata de la diputada Ana Cristina Moreno Palacios y de la concejala Daniela Maturana Agudelo.

Ana Cristina, no por la copiosa votación obtenida, inesperada para unos, sino por su formación y las experiencias pública y privada cosechadas en los últimos años de su brillante juventud, desde ya está siendo mencionada para ocupar los cargos de gobernadora o de alcaldesa de Medellín en el futuro cercano.

También lo veo así por tratarse, ante todo de una gran señora no enredada en asuntos desdicientes en una figura pública llamada a regir los destinos de una comunidad demandante de modelos de vida en los gobernantes, como que también por su cuidada destreza académica y sus dotes naturales de líder. Pongamos toda la fe, toda la esperanza en Ana Cristina.

Jamás he tratado a mi colega politóloga, la señora Maturana, si acaso ya habrá tiempo de hacerlo, pero da la impresión que por su bagaje intelectual, cierta experiencia administrativa y la visibilidad que ahora cobra como presidencia del Concejo de Medellín, desde que no se trague los vientos y piense en la ciudad como un todo, ahorrándose la necia prédica racial y feminista, podría hacerse a un margen de maniobra suficiente para escalar por la pendiente de la resbaladiza cucaña de que hablará aquel famoso primer ministro inglés Benjamín Disraeli.

Quedan en plan de observación Ana Ligia Mora Martínez muy ligada a ciertos cuestionados personajes, María Paulina Aguinaga Lezcano de hoja de vida impresionante pero que, al parecer, ha caído bien pronto en la vieja práctica aborrecible de recibir la credencial y echarse a perder del contacto, aún de las personas que bien la quieren, como ya es queja generalizada y Nataly Vélez Restrepo una joven de trato cálido, bastante entusiasta ella, cuyo hándicap es desconocido hasta ahora sin que esto sea traba para esperar bastante de ella.

Tiro al aire: la experiencia dicta que el centro del poder no está en las Asambleas ni en los Concejos y que este gravita en los Gobernadores y Alcaldes. Así es que no hay mucho de qué presumir, señoras y señores.

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