Manos a la obra factor de éxito

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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A veces es preciso dedicar tiempo al análisis de las situaciones cotidianas, profundizar en ellas, involucrarnos en lo que nos rodea y comentar sobre esos temas.

 

Eso es lo que voy a hacer en esta columna, con el ánimo de aportar un poco en cuestiones que son absolutamente palmarias, ciertas, auténticas y que merecen ser analizadas.

Son múltiples los elementos o factores que contribuyen a que los proyectos políticos, empresariales, militares, culturales, periodísticos, académicos y deportivos por mencionar algunos, se materialicen en realidades que nos originen triunfo, celebración y verdadera satisfacción.

Existen a veces personas creativas, con buenas ideas, con claridad conceptual, con disciplina, con estructura intelectual, pero que no ejecutan y en consecuencia a pesar de que conciben bien las cosas o los proyectos, todo se les va en buenos propósitos, toda vez que jamás ´pasan en forma inmediata a la acción.

Lo anteriormente expresado, significa simple y llanamente de que se requiere necesariamente que todo aquello que surge en la mente para hacer, pues toca hacerlo y de esa manera nos damos cuenta sí es factible, si se puede o no realizar o si nos hemos equivocado y eso nos sirve de lección, experiencia o formación. No desfallecer, habida cuenta de que muchas veces el último esfuerzo, que no se hizo, era el definitivo para alcanzar el objetivo.

Por ejemplo el deportista bien entrenado, disciplinado, con calidades en su deporte, con aspiraciones de llegar lejos, pero no compite y juega en torneos, no podrá saber sí su dedicación, sus ganas y su profesionalismo le va a dar resultados positivos. Todo lo que ha hecho, se pierde, por no entrar en acción, por no probarse frente a los mejores, por no medir sus fuerzas con los potenciales adversarios.

Entonces la motivación de cualquiera de las  personas, en el campo que sea, depende fundamentalmente de la acción. En la medida en que observa que las cosas se le dan, que evidentemente perciben que son buenos en lo que hacen, quedan motivados para seguir con más impulso, con más entusiasmo y con más fuerza mental positiva para seguir en la actividad en la cual quieren sobresalir.

Aquél que quiere agua en su finca, consigue al experto que sabe dónde hay una fuente. Se dará cuenta de que el técnico en la materia penetra en la tierra y no abandona su trabajo hasta encontrar el agua. Nunca a los 30 metros dice no más, ni a los 50, por cuanto sólo la encontró a los 85 metros. Por ello como bien lo afirmaba Winston Churchill en un memorable discurso en una universidad inglesa: "nunca,  nunca os deis por vencidos. En nada que sea grande o pequeño, sublime o trivial, nunca os deis por vencidos. Nunca, nunca, nunca". Fue su discurso más corto pero más sustancioso.

Eso mismo lo plantea de otra modo Benjamín Franklin cuando señala: "el verdadero fracaso es aquel que renuncia sin saber cuan cerca estaba de alcanzar su meta". El último golpe es el que tumba el árbol, el último golpe es el que rompe la piedra o la roca. El último golpe es el que encuentra la piedra preciosa de la esmeralda o el diamante. Siempre hay que perseverar, hay que insistir, hay que continuar, hay que persistir.

No se puede que después de muchas faenas, de mucho empeño y vigor, de mucha entrega, no creer en la causa y olvidarse de ella. Por el contrario nos toca o estamos obligados a persistir en la lucha y al fin encontraremos lo que buscamos y queremos,  es decir aquello para lo cual laboramos.

Nunca en los momentos más difíciles se puede perder la confianza, la seguridad y la convicción. En esos instantes de dificultad, es cuando se debe renovar la fe en Dios, en nosotros mismos y en la causa noble en la cual estamos. Así se logran los ideales.

Las metas no se obtienen gratuitamente, son fruto del trabajo serio, planeado, de sacrificio y entrega, de preparación personal y lógicamente de acción, puesto que sin ella nada se concreta, nada se plasma, nada se logra. Todo quedaría en buenas intenciones y nada más.

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